Salto, Martes 27 de Junio de 2017

Laicismo

Un prejuicio uruguayo

Columnistas | 02 Dic. Mons. Pablo
Galimberti.
La prensa divulgó estos días los resultados de una encuesta del Centro Nacional de Investigación de Opinión de la Universidad de Chicago, que indaga la relación entre trabajo y satisfacción personal. O sea, ¿trabajamos contentos?
Los sacerdotes encabezan la lista. Quienes dedican su vida al área o dimensión de la fe y de la religión en la vida de las personas y de una comunidad, están en primer lugar. Las condiciones están, pero es obvio que esto no significa comprar un seguro de felicidad.
Sobre esta noticia, me contó un vecino de Salto que en una radio argentina, Víctor Hugo Morales manifestó desconcierto ante la información. Y sin más argumentos que sus prejuicios no dio crédito a la noticia. Sorprendente, tan profesional para relatar un penal y tan arbitrario para aceptar un dato sobre el comportamiento humano avalado por un centro de investigación. En los últimos años se replantea el debate sobre el lugar de la religión en la sociedad, o con otras palabras sobre la laicidad del Estado.
En Francia la laicidad es una especie de ideología, o sea, una forma de rechazo y de ignorancia religiosa obligatoria. Hasta que el presidente Nicolas Sarkozy pronunció dos discursos que tuvieron un efecto explosivo. Uno fue en Roma en diciembre del 2007 y el otro en Arabia Saudita en enero de 2008. Sus palabras mostraron la superación de la laicidad "a la francesa", o sea, la afirmación de que se puede ser laicos, en el sentido de no católicos y no creyentes, sin que por esto haya que negar el valor del patrimonio de cultura racional, de espiritualidad y de arte generado por la fe de la Iglesia.
El sacudón se sintió cuando el presidente francés eligió defender una laicidad positiva, que protege la libertad de pensar, de creer y de no creer. Sarkozy dijo basta con la indiferencia a los intelectuales que lo criticaron. La sola razón no funciona y de nada sirve el aislamiento de lo religioso del espacio público y político. Hay que encontrar caminos de diálogo. Con este gesto reaccionaba frente a la pérdida de la memoria cultural-religiosa en las generaciones más jóvenes. Como lo había hecho el informe Debray del 2001, invitando a pasar de una "laicidad de indiferencia" a una "laicidad de inteligencia".
En una oportunidad tuve ocasión de compartir una tertulia con Carlos Maggi en El Espectador. Yo había llevado el texto de Debray al ministro de Educación Nacional: "La Enseñanza del hecho religioso en la escuela laica", un pequeño libro de 60 páginas. Al despedirnos Maggi me lo pidió para fotocopiarlo; había quedado encantado con ese texto.
O sea, hay uruguayos abiertos que saben dialogar con cristianos. En otra ocasión Maggi me aceptó una invitación para intervenir en un encuentro latinoamericano que se realizaba en Montevideo sobre fe y no creencia. Al terminar su intervención un sacerdote católico le expresó que en su exposición había muchos valores cristianos que lo acercaban a Dios, a lo que Maggi le contestó: ¡quisiera tenerlo a mi lado cuando esté por morirme!
El informe Debray afirma que en su país crece la idea de reforzar en la escuela pública el estudio del hecho religioso como objeto de cultura. Me pregunto: cuando Víctor Hugo Morales y muchos uruguayos viajan por Europa qué piensan ante las catedrales levantadas por la fe católica o ante la Sagrada Familia de Gaudí, o ante las pinturas del Greco en el museo del Prado? ¿O ante la Pietá de Miguel Angel?
Pero en la sociedad contemporánea persisten focos de laicismo. No en número pero que hacen ruido. El 17/01/08 Benedicto XVI, invitado a la inauguración del año académico en la universidad La Sapienza, de Roma, no asistió. Una minoría de profesores (67 en casi 4.000) y de estudiantes (0,2% de entre más de 100.000), se opusieron.
El Papa envió después su discurso: "al mundo universitario, que por muchos años fue mi mundo, -decía- me liga el amor por la búsqueda de la verdad y la disposición al diálogo franco y respetuoso de las recíprocas posiciones".
Volveremos sobre el tema, con el deseo que los uruguayos superemos cada día más los prejuicios, en este caso, los religiosos.

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