Salto, Lunes 16 de Octubre de 2017

Sudor, cuidado, disfrute

Columnistas | 19 May. Mons. Pablo Galimberti
Esta semana estuve tres días en Bagé (Brasil) en la reunión anual de Diócesis de frontera: Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay. Noventa participantes, intercambiando experiencias, exposiciones y aportes, entre otros una investigadora argentina sobre medio ambiente.
Destaco del primer día el enfoque bíblico propuesto que completó los planteos científicos. En pocas palabras: en el relato de la creación según el Génesis (cap. II,2) leemos: “Para el día séptimo había concluido Dios toda su tarea”. Ese día “Dios descansó de toda su tarea de crear” (v.3). Después de una tarea de seis días, el sábado (en hebreo shabbat) es el día consagrado al culto divino y al reposo.
El descanso, según el Génesis, es diferente a como solemos comúnmente entenderlo. Exagerando un poco, después de una semana ajetreada, el descanso es tiempo para dormir, paseos, diversiones, fiestas sociales, deportes o simple distracción: mateando o viendo un partido de fútbol o una película por televisión.
Para la tradición judeo-cristiana, el sentido es diferente. El sábado (o para los cristianos el Domingo o “Día del Señor”) indica un día festivo. El creyente es invitado a celebrar la obra del Señor. Por sobre todas las obligaciones. Día para la hospitalidad y la familia. Jesús critica la multiplicación de reglas relativas al sábado. Este no debe ser un día en el cual no se haga nada sino un día para hacer el bien. Jesús, hebreo observante, respeta el sábado, pero realiza curaciones ese día y busca restituirle su triple significado de santidad, reposo y gozo.
El sábado o Domingo cristiano es tiempo para celebrar y agradecer al Señor Resucitado. Su atracción silenciosa es la fuente donde nos zambullimos. Así le abrimos la agenda y compromisos de la semana para que nos acompañe con su Misericordia.
Así recuperamos nuestra dignidad. No somos números de cédula de un banco de datos anónimo.
El descanso no es para el rezongo quejumbroso por lo que no pudimos hacer a causa del mal tiempo u otras causas. Ni es para que el hombre lleve tareas de la oficina al hogar como excusa para atajar los mandados dominicales. Es para agradecer a Dios, fuente purificadora y revitalizadora de la vida y mano protectora sobre nuestros hogares y actividades. Invita a un aprendizaje nada fácil: hacer en el no hacer. Admirar el acontecer de la vida sustentada por las manos providentes de Dios Padre.
El segundo día visitamos una de las parcelas entregadas a 2.500 productores provenientes del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra.
Después de 25 años muestran orgullosos los resultados. Pasamos el día en la Cooperativa Agroecológica Nacional Terra e Vida Ltda. Observamos el proceso de las semillas agroecológicas, sin agrotóxicos.
En el envoltorio de sus productos se lee: “Semillas Patrimonio de los Pueblos al Servicio de la Humanidad”.
Dos religiosos franciscanos que viven en el lugar, nos guiaron antes del almuerzo hacia un gran quincho: participamos en un ritual de acción de gracias. El relato del Génesis sobre la creación que escuchamos iluminó esos gestos.
Después, las manos de mujeres, hombres, niños y ancianos, depositaron sobre una gran mesa los frutos de la tierra, de la fatiga y del cuidado responsable de la creación. Otra actitud fundamental del trabajo: manejar los recursos de la tierra como administradores prudentes procurando el cuidado responsable y solidario de la tierra y sus recursos limitados.

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