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Miércoles 28 de Enero, 2026 219 vistas

El clima nos está hablando, responsabilidad y futuro

Por Carlos Silva
La intensa ola de calor que atraviesa nuestro país en estos días no puede ser vista únicamente como un fenómeno pasajero del verano. Las temperaturas extremas, cada vez más frecuentes, forman parte de un proceso que ya nadie puede ignorar, el cambio climático es una realidad que golpea de frente a nuestras comunidades y nos obliga a repensar el modo en que nos relacionamos con el ambiente.
Uruguay no está ajeno a este escenario. Sequías prolongadas, incendios forestales, inundaciones repentinas y ahora episodios de calor extremo marcan una tendencia que se repite año tras año. Estas situaciones no solo afectan la vida cotidiana de la población, sino que ponen en tensión los sistemas de salud, la producción agropecuaria y la infraestructura pública. Cuando el clima se vuelve extremo, los costos sociales y económicos también se vuelven extremos.
En departamentos como Salto, estas consecuencias se sienten con mayor fuerza. El impacto del calor sobre la salud de niños y adultos mayores, la presión sobre el consumo de agua, la afectación de espacios públicos y la necesidad de respuestas rápidas desde los servicios municipales muestran que el cambio climático ya no es un problema abstracto, sino un desafío concreto para los Gobiernos Departamentales.
Los gobiernos departamentales tienen un rol clave en este proceso. Son el primer nivel de contacto con los vecinos y quienes enfrentan directamente las consecuencias de estos eventos extremos. Planificar ciudades con más espacios verdes, promover el uso racional del agua y la energía, fortalecer la educación ambiental, mejorar la gestión de residuos y proteger los recursos naturales locales no es una opción: es una responsabilidad institucional.
Pero también es necesario reconocer que ningún gobierno puede enfrentar este desafío en soledad. La transformación debe ser cultural. Como sociedad, debemos revisar hábitos cotidianos que parecen pequeños pero que, sumados, generan un impacto enorme, el consumo responsable, el respeto por los espacios públicos, la reducción de residuos y el cuidado del entorno. No hay política ambiental exitosa sin compromiso ciudadano.
En este punto aparece un aspecto central: los valores que estamos transmitiendo a las nuevas generaciones. Educar en el respeto por el ambiente es educar en responsabilidad, en solidaridad y en visión de futuro. Los niños y jóvenes de hoy heredarán el país que construyamos ahora. Si no asumimos este desafío con seriedad, les estaremos dejando un problema mucho más grande del que recibimos.
Tal vez esta ola de calor sea una advertencia más. Una señal clara de que el tiempo de postergar decisiones se terminó. El desafío es político, ético y generacional. La pregunta no es si el clima va a cambiar, porque ya está cambiando. La verdadera pregunta es si nosotros vamos a cambiar a tiempo.
Cuidar el ambiente no es una bandera partidaria. Es una responsabilidad nacional y también local. Y es, sobre todo, un compromiso con quienes todavía no tienen voz, pero sí tendrán que vivir con las consecuencias de nuestras decisiones., o sea, las próximas generaciones.