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Martes 27 de Enero, 2026 979 vistas

El relato

 

Por Carlos Arredondo
Durante muchos años los seres humanos hemos sido receptores de relatos que modifican nuestro entendimiento de las cosas, nuestra conducta y siempre terminan generándonos sensaciones que luego defenderemos como si fueran la verdad revelada, sin ninguna intensión, ni interés, en advertir que solo se trata de un relato. 
Constantemente, desde diferentes ámbitos referenciales, nos han hecho creer cosas que muchas fueron – y son- ciertas, y otras tantas veces solo versiones mentirosas de la realidad. 
En la pasada entrega intenté mostrar con un simple y actual ejemplo, de qué manera durante casi 40 años nos hicieron pensar que alimentarnos de determinada manera era “saludable”, cuando en realidad nos empujaban hacia todo tipo de enfermedades: Nos engañaron, nos enfermaron y aun con la evidencia delante de las narices, todavía hay quienes defienden aquel relato.
Es que, con el tiempo, el relato, aunque mentiroso, se convierte en nuestra zona de confort -y pobre del que quiera sacarnos de allí-. Y así, mentira tras mentira vamos haciéndonos una idea -equivocada, claro- del mundo, que nos convierte en funcionales a cada relato, a cada mentira, pues somos sus mayores defensores, ya que defenderlo es muchísimo más cómodo.
Mientras el relato no se cuestione y solo haya algunos “loquitos sueltos, por ahí” tratando de desmontarlo, no pasa nada. Pero ¿qué pasa cuando miles y miles de personas comienzan a advertir que algo no está bien con ese relato?
Ahí es cuando se le mueve la estantería -mejor dicho: Cuando le movemos la estantería- al sistema que nos quiere engañados.
Esto es lo que viene ocurriendo con el relato de que “las vacunas salvan vidas” y son la causa de “la eliminación de enfermedades”. Es que la pandemia -el relato mejor montado de la historia- hemos comenzado a mirar de reojo a los inóculos. Algunos más, otros menos, algunos antes, otros después, pero hoy día la gran mayoría de las personas intuyen que algo no está bien con esas inyecciones y prefiere mantenerse distante, y no atender el llamado de las campañas masivas de vacunación que implementa el aparato sanitario. 
Tal es la desconfianza que en todo nuestro continente los índices de vacunación han caído a cifras nunca antes vistas. Con tremendas campañas llamando a las personas a vacunarse, los Ministerios sanitarios de todo el continente no logran que los ciudadanos confíen, y una a una las campañas de vacunación, en los últimos tiempos, no dejan de ser un tremendo fracaso (Y mirá que meten miedo con todo tipo de pestes que sacan de la galera…y ni así)
Esta situación lleva a que la propaganda, la mayor parte de las veces disfrazada de información seria -, comience a exhibir cambios en busca de reactivar su mercado pues al fin de cuentas ¿Quiénes somos nosotros para escupirles el asado de su lucrativo negocio, verdad? Y ver esos cambios, por lo menos a mí, me resulta muy interesante: El pasado miércoles 21 de enero, diario Clarín de Buenos aires publicó una nota que no tiene desperdicio pues muestra claramente que, no solo ya nadie les cree, sino que se les agotan las ideas. En una nota firmada por el periodista Pablo Sigal Clarín, como siempre cuando se trata de imponer relatos, sin que se le mueva un pelo, Asegura que: (cito textual): “Descubren una virtud extra en una vacuna usada para una enfermedad común: demora el envejecimiento”
¡Como lo lees -está en Clarín, buscalo! Ahora las vacunas vienen con virtudes extras que retrasan el envejecimiento ¡Hablame de relato!
Este tipo de recursos burdos demuestran claramente que se les acaban los argumentos, que sus viejas mentiras han caducado y deben recurrir a nuevas “creaciones” para continuar su producción de enfermedades.
Pero cuidado, porque cuando cae un relato también caen sus relatores. No está lejos el día que la gente comience a exigir respuestas y responsables. El primer paso ya se está dando. Quiero decir: Todo indica que esto recién comienza.