Por el Dr. César Suárez
El pensamiento de cualquier persona está marcado por la circunstancia presente pero sobre todo, orientado hacia el futuro inmediato, o a mediano o a largo plazo, condicionado por la esperanza, por la duda, por la ilusión, por la perspectiva, por la fe, por el optimismo, por la expectativa, por la incertidumbre, donde, aunque uno no lo exprese en palabras, siempre hay un proyecto tan modesto como resolver el día a día o tan razonable, ajustado a perspectivas reales o tan disparatado que sea imposible de lograr, pero siempre hay un plan, tan simple como quedarse donde uno está sin ni siquiera mover un dedo o tan complejo como para poner toda la energía disponible o más para intentar concretarlo.
Entonces, en esta realidad, cada uno, siempre espera, espera que no llueva o que llueva, que haga frío, que haya calor, que esté lindo, que haya viento o que no haya, que la situación mejore, que baje la inflación, que mejoren mis ingreso, que avance la cola en la que estoy parado, que me atiendan de una vez, que comience mi licencia o mis vacaciones, que saque el 5 de oro, que se termine el año, que empiece el otro, que clasifiquemos para el mundial, que pasemos de serie, que llegue un pariente o que se vaya de una vez por todas y el que está leyendo esta columna espera saber en que termina, o ya no espera y abandona la lectura porque no es lo que esperaba.
Hay esperas que resultan insoportables, “aguarde en línea que todos los operadores están ocupados en este momento” que te llevan a odiar la melodía de Beethoven que suena hasta taladrarte el cerebro mientras nadie te atiende y una voz automática repite hasta el cansancio, “aguarde en línea, en este momento todos los operadores están ocupados”.
Lo que sigue, ya no es para todos, es sólo para los continúan leyendo y esperan encontrar algo interesante en lo que queda del texto.
La espera, como todo término puede tener muchos significados de acuerdo al contexto.
¿Para cuándo esperas?, en nuestra cultura se refiere a una mujer embarazada. Se trata casi como una pregunta obligada cuando una mujer luce una panza prominente y más de uno queda re pegado cuando la mujer le responde “no estoy embarazada”, trágame tierra.
¿Y qué esperabas? Cuando la expectativa es mucho mayor que el resultado, “yo esperaba otra cosa”.
Esperar es sinónimo de esperanza porque uno siempre espera una buena noticia, aunque la expectativa sea nefasta, siempre se espera que por lo menos no sea tan grave.
Desde niños hasta el final de la vida vivimos esperando. Nacemos esperando, lo primero por el alimento, por la madre por el padre, por juguetes, por los cumpleaños propios y de todos los compañeritos, por el día del niño, por lo reyes, por el timbre del recreo, por el timbre de salida, por ir a jugar, porque terminen las clases, por las vacaciones, por las pantallas,
Por que termine primaria, por ingresar en secundaria, por egresar de secundaria, por conseguir trabajo o por hacer una carrera o las dos cosas a la vez, por terminar la carrera, por ennoviase, por encontrar un trabajo que se adapte, por aumento de sueldo, por encontrar otro trabajo, por irse a vivir solo, por vivir en pareja, por tener hijos, por criar los hijos, por tener una casa, por tener un auto, por seguir progresando, por tener nietos, por jubilarse, por qué la jubilación alcance, porque le vaya bien a los hijos, porque le vaya bien a los nietos, por mejorar de los achaques.
La vida entera es una espera y el día que dejemos de esperar con ilusión que algo bueno suceda y cuando ya no quede nada que esperar, hemos perdido totalmente la esperanza entonces la existencia pierde sentido de ser, porque la esperanza es lo último que se pierde.
Domingo 25 de Enero, 2026 191 vistas