Por Pablo Vela
El accidente protagonizado por el ministro del Interior, Carlos Negro, ha sacudido la agenda política uruguaya esta semana. Ocurrió el pasado jueves cuando, conduciendo su vehículo particular, no respetó un cartel de Pare y colisionó con una motocicleta en el barrio Cerrito de la Victoria de Montevideo. Tras el choque se supo además que tenía la libreta de conducir vencida y la Justicia le impuso una multa y un plazo para regularizarla. El otro conductor involucrado no resultó con lesiones graves, pero igualmente está pasando momentos complicados: dolores, impedimentos para trasladarse, sufrimientos de la familia, etc.
El hecho en sí, desde el punto de vista de seguridad vial, es grave: un accidente causado por no respetar una señal merece atención y sanción. Pero el componente político viene por otro lado: ¿debe un ministro renunciar por un error de este tipo?
Quienes exigen su renuncia sostienen que no se trata de un simple tropiezo: estamos hablando del jefe de la cartera encargada de hacer cumplir las normas, incluyendo las reglas de tránsito. En un contexto donde la inseguridad es la máxima preocupación ciudadana, la oposición argumenta que la autoridad moral para pedir cumplimiento de la ley se debilita cuando el propio ministro la infringe.
Sin embargo, desde sectores del oficialismo —incluidas figuras del Frente Amplio como la vicepresidenta Carolina Cosse— han calificado ese pedido de renuncia como “absolutamente exagerado” y hasta “ridículo”. Argumentan que tener la libreta vencida es un descuido que puede ocurrirle a cualquier ciudadano y que lo clave debería ser el trabajo en seguridad, no un accidente de tránsito aislado.
En términos de percepción pública, hay dos escalas distintas en juego:
La técnica/legal: el ministro cometió infracciones y pagará las consecuencias que la Justicia determine.
La política/moral: ¿debe pagar con su cargo algo que, aunque incorrecto, podría pasarle a cualquier conductor?
El contraste entre ambos planos es donde reside la discusión. Pedir renuncias por errores personales puede establecer un estándar excesivamente estricto, que difícilmente permitiría a jerarcas enfrentar otras controversias menores sin poner en riesgo su cargo. ¿Queremos ministros perfectos o simplemente responsables ante la ley? La respuesta no es trivial.
¿Qué haría el Frente Amplio como oposición?
Exactamente lo que hoy hace la oposición (CORE) porque la política uruguaya ha caído bajo y los problemas han sido reducidos a ese talante y por la famosa “doble moral” del FA es archi conocida.
Sí parece injusto que, ante similar situación, cualquier otro “hijo de vecino” no hubiera tenido la misma suerte que el ministro, pero eso es tema para otra columna.
El reclamo por ejemplaridad es legítimo; exigir renuncias por cada error de tránsito no solo puede ser exagerado, sino que empobrece el debate público. La política debe, en cambio, centrar la discusión en la eficacia, transparencia y honestidad de la gestión, y dejar a la Justicia y a la ciudadanía juzgar los errores personales en su justa medida.
Miércoles 28 de Enero, 2026 436 vistas