Por Pablo Perna
Tengo en mi poder una carta original firmada por Giuseppe Garibadli fechada en Salto el 16 de marzo de 1846, que adquirí en la subasta de las ultimas reliquias de José Batlle y Ordoñez, estando presente el ex dos veces Presidente Julio María Sanguinetti, y que hoy exhibo en mi escritorio, que podría estar dando pistas de la verdadera existencia del tesoro que habría sido enterrado en Salto en aquella época y que todavía no ha sido descubierto.
En 1951 llegaban al Uruguay las hermanas Clara y Laura Masilotti, de ascendencia italiana, en busca de un tesoro millonario que había sido escondido supuestamente por Garibaldi cuando se encontraba en el Uruguay y enviado desde el Vaticano por quien fuera el Papa Pío IX. Este Papa se trataba del Cardenal Giovanni María Mastai Ferretti, que en 1924 vivió en Montevideo. Con el tiempo asciende políticamente y al comienzo de 1846, el Papa conservador Gregorio XVI agonizaba, por lo que se sabía que la muerte del santo pontífice era eminente, por lo que en ese ínterin el Cardenal Mastai por temor de quien fuera el nuevo papa, envía al Uruguay cargamentos de oro para que sean escondidos en caso de salir poco beneficiado en el Conclave. Sorprendentemente el papa elegido fue el propio Cardenal Mastai, que pasaría a llamarse Pio IX.
Las hermanas Masilotti habían adquirido el mapa de su padre José y este lo había recibido de su tío que había luchado con Garibaldi en Uruguay. El mapa indicaba que el botín se encontraba enterrado en la capilla del “Cementerio Central” de Montevideo. De esta manera en 1951 el Intendente de Montevideo autoriza las excavaciones generando una gran expectativa en todo el país; los medios de comunicación y la gente diariamente se abarrotaban en los muros del cementerio viendo las excavaciones, pero nada se encontró; retomaron la búsqueda en 1956, 1961, 1970 y siendo la ultima en 1983. Las hermanas mueren sin haber encontrado absolutamente nada; las teorías sobre la ubicación del tesoro y si efectivamente fue o no encontrado pero en secreto, son varias, pero oficialmente el caso sigue abierta.
Una de las hipótesis, es que se confundieron de cementerio por ese motivo no encontraron nada, en cuanto el mapa indicaba las características de un “Cementerio Central” del Uruguay; todos pensaron que era el de Montevideo, pero la realidad es que se podría tratar del cementerio de Salto, que también lleva el mismo nombre y guarda similares características que las indicadas en el mapa.
En los primeros meses de 1846 que llegaba el supuesto tesoro al Uruguay de quien seria meses más tarde papa, el destinatario de esconderlo seria Garibaldi. Este a comienzos de ese año se encontraba en la ciudad de Salto, que tras el triunfo del 8 de febrero de la famosa batalla de San Antonio, se había transformado en dueño y señor de nuestro departamento. En esta línea de pensamiento no es descabellado pensar que los cargamentos con el tesoro hayan llegado directamente al Rio de la Plata y subido por el río Uruguay al puerto de Salto, en virtud que Garibaldi y su Partido Colorado también dominaban los ríos.
La historia contada hasta aquí es en un 95 % datos históricos reales y en un 5 % hipótesis, pero la historia sigue y la carta original que tengo en mi poder firmada por Garibaldi en Salto y en esa fecha, podrían dar pistas de lo que ha sucedido verdaderamente, pero por cuestión de espacio me veo obligado de continuarla el próximo viernes, si es que hay interés.
Al conmemorarse el pasado 8 de febrero la famosa batalla de “San Antonio”, librada en nuestra costanera norte a unas cuadras del Campus del Club Remeros, queríamos recordar esta historia, enmarcada en los festejos de los 180 años que excelentemente organiza la Sociedad Italiana de Salto, la que como ciudadano uruguayo e italiano me quería sumar desde este espacio. Continuara…
Viernes 13 de Febrero, 2026 330 vistas