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Lunes 26 de Enero, 2026 215 vistas

La recorrida

Por el Padre Martín Ponce De León
Después de mucho tiempo volví a la recorrida. Esa experiencia que no es otra cosa que una gran lección de la puesta en práctica de la pastoral de cercanía.
Voy a realizar un recorrido imaginario puesto que el mismo se modifica según el lugar por donde se comienza.
Salimos como a las 13.30 con todo lo que se iba a distribuir en los diversos lugares a donde habríamos de ir. Si el tiempo lo permitía deberíamos volver a cargar otras cosas que se deberían entregar.
Comenzamos en aquella casa donde quien nos atiende lo hace, siempre, con rostro adusto, parco de palabras, pero siempre muy atento y dispuesto a descargar lo que se deja.
De allí pasamos a otro barrio bastante alejado del anterior. Allí, siempre, nos atiende la esposa del dueño de casa. Conversar con ella resulta muy sencillo puesto que, generalmente, es ella la que pone los temas para una conversación.
Luego de diversas vueltas por unas calles estrechas llegamos a entregar lo llevado en una casa donde no faltan las dificultades. Suelen ser problemas familiares o problemas de salud. Allí, ya se sabe, hay que ir con disponibilidad de tiempo ya que cada situación requiere de un relato bien prolongado y con lujo de detalles.
La siguiente casa queda en el barrio siguiente, pero existe una buena distancia entre casa y casa. Allí, también, el tiempo debe ser abundante puesto que, siempre, hay sobrados motivos para conversar. Trabajo, dificultades familiares, emprendimientos o situaciones barriales. 
En cada lugar que se llega, se descarga lo que, previamente, se ha dispuesto para dejar en ese lugar. Lo que se lleva, sin duda, no soluciona las dificultades de la actividad que allí se desarrolla (merendero o comedor) pero, sí, es una ayuda para el empeño que, los dueños de casa ponen para continuar llevando adelante la actividad.
En oportunidades, lo que se puede dejar en cada lugar, no es otra cosa que una excusa para mantener un vínculo y para escuchar los desahogos que se plantean. Para dejar la cercanía y hacerles saber que no están solos. Creo que es muy válido el prestar un hombro donde puedan depositar inquietudes o confiar dificultades.
De allí pasamos a otro barrio donde vamos a dos hogares. En uno, por lo general, se escuchan solicitudes planteadas casi como reclamos. Ello responde, no a una mala disposición sino a la forma de ser de la dueña de casa. Solidaria, pero quejosa y desconforme. En el otro lugar, por funcionar otra actividad, los pedidos son abundantes y las conversaciones prolongadas.
Ya, al concluir esta parte de la recorrida eran cerca de las 17, 30. Aún había tiempo para cargar unas cosas que habían quedado y hacer unas extras a la recorrida de siempre.
Debíamos atravesar la ciudad para poder entregar lo que se llevaba y así se hizo.
Al llegar, los hijos de la dueña de casa nos ayudaron a descargar y a entrar lo que se tenía para ellos. Había unas mejoras en su casa y deseaban mostrarlas y ello hizo que el tiempo pasase sin prisa alguna. De allí nos dirigimos a buscar la dirección correcta de una casa donde se habrían de enviar algunos materiales. Pasamos, pero no nos detuvimos ya que debíamos ir a otro barrio cercano y no deseábamos concluir muy tarde.
Era la última casa y la conversación se hace lenta debido a que la dueña de casa habla con algo más delgado que un hilo de voz. Al regresar eran las 19 y algo más. 
La recorrida, encuentro y escucha. Encuentro y voz de aliento. Encuentro y situaciones que se adentran en uno. Encuentro y el obsequio de sonrisas, detalles y confidencias.