Por el Padre Martín Ponce de León
En artículo anterior compartía algo sobre esa actividad semanal que yo llamo las recorridas. Por razones de espacio debí limitarme a compartir, solamente, algo sobre los lugares a los que vamos. Hoy quisiera compartir, dentro de mis limitadas posibilidades, algo más de lo que ellas son.
Debo comenzar diciendo que soy “el nuevo” en esa tarea puesto que hay personas que ya hace mucho tiempo están inmersas en ella. También están esas personas que, durante la semana, dan una mano preparando material que será distribuido en los diversos lugares. De las bolsas de veinticinco o cincuenta quilos, completan bolsitas con cinco o un quilo y ello está pronto cuando llega el momento de la distribución.
Las recorridas, generalmente, comienzan con una oración pidiéndole a Jesús nos ayude a saber escuchar, aprender y descubrirle en todos y cada una de las situaciones con las que nos habremos de encontrar. Ese es, sin lugar a dudas, el espíritu con que se realiza la actividad.
El material que se entrega (fideos, arroz, verduras, leche en polvo y algo más que se tenga) no es otra cosa que una ayuda y, sobre todo, una excusa para el encuentro con la gente de los barrios. Sería muy grato poder llevar, para solucionar las necesidades existentes, pero ello es un imposible que se tiene bien claro y asumido.
Lo más importante es esa tarea de cercanía que no está establecida pero que se hace realidad de muy diversas maneras. En esta tarea soy un aprendiz y, jamás, voy a poder estar a la altura de quienes hace tiempo cumplen con esta actividad.
Es llegar a cada lugar y hacerlo con la mejor de las disposiciones para que todo tenga sentido.
No se va a dejar algo y marcharse, sino que se va a un encuentro y, por lo tanto, hay que recordar nombres y situaciones particulares de cada lugar. Ello muchas veces no es sencillo puesto que todo es muy variable. Aparecen rostros que no estaban la vez anterior o te golpean con alguna situación que ocupa toda la conversación.
Es muy importante el poder saber que se va a brindar un hombro para que depositen algo de eso que hace a sus vidas y, en oportunidades, les tienen angustiados.
Es un problema familiar que amarga (alguien metido en la droga, algún robo sufrido, algún desperfecto que hay que afrontar o algún accidente), es algún conflicto en el barrio o dificultades laborales. Son realidades donde resulta casi imposible no limitarse a una voz de aliento, a escuchar e invitar a no bajar los brazos.
En oportunidades, todo se limita a escuchar y ayudar a mirar lo más importante o la razón de la actividad que realizan. En oportunidades todo se limita a solicitudes concretas que se pueden solucionar o no.
Es la oportunidad de, escuchando, hacerles saber que no están solos y que lo suyo nos importa. En esto hay una persona que, por modo de ser y capacidad de cercanía, es la destinataria de todas las cuitas.
Podrán decir que es una pérdida de tiempo, pero, sin duda, es una actividad que resulta muy útil puesto que, es muy reconfortante poder demostrar que lo de otros nos importa.
Es, también, encontrarse con Jesús que cuestiona todas nuestra quejas o realidades que nos impiden valorar y disfrutar lo que se tiene y, muchas veces, no se valora debidamente y, mucho menos se agradece.
Es encontrarse con Jesús que, nos enseña que la solidaridad no es una cuestión de posibilidades sino una actitud interior que se tiene frente a la certeza de que hay quienes necesitan una mano. Es encontrarse con Jesús que siempre nos regala oportunidades de poner al servicio de los demás lo que somos.
Sábado 31 de Enero, 2026 210 vistas