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Domingo 18 de Enero, 2026 241 vistas

Ni una cosa ni la otra sino todo lo contrario

Por el Dr. César Suárez
Cuando hablamos de las llamadas ciencias exactas, estamos considerando a aquellas disciplinas verificables por uno o varios caminos para terminar sacando la misma conclusión confirmadas en el transcurso del tiempo cada vez que se pone a prueba.
El ejemplo más simple que es de uso cotidiano por cualquiera  contenido en las más simples reglas de las matemáticas cuando se enuncia 2 más 2 son cuatro en cualquier lado que sea como una muletilla para dar prueba de una verdad indiscutible, obviamente que hay otros cálculos de extrema complejidad para la gran mayoría de los mortales y que anticipan fenómenos que sucederán, sobre todo en el terreno de la astronomía que calculan con precisión el momento de un eclipse, la alineación de los planetas, el regreso de un cometa o el cálculo preciso de su trayectoria.
También se comportan de la misma manera, la lógica, la física, la biología, la química, las ciencias de la informática.
Todas estas disciplinas nos suelen dar certezas corroboradas por diferentes métodos y son las que han permitido el progreso científico de la humanidad generada en una escalera de descubrimientos, cada uno apoyado en conocimientos heredados de generaciones precedentes y que cuya suma nos ha puesto en el progreso del conocimiento que hoy disfrutamos.
Como contrapartida existes otras ciencias que no se pueden catalogar como exactas y cada conclusión es opinable generando controversias de acuerdo a quien las maneje tales como las que se refieren a la conducta humana, ciencias sociales, psicología, ciencias políticas, economía, historia, literatura entre otras cuyas conclusiones están impregnadas de subjetivismo y cuyas conclusiones suelen diferir unas de otras y están ligadas sobre todo estudios estadísticos, encuestas, a experiencias individuales o colectivas y a opiniones personales.
Frecuentemente, esas opiniones suelen ser valiosas y pueden influir en la conducta social y en la posición que cada uno adopta en el seno de cada sociedad y forma parte de la cultura que caracteriza a cada comunidad.
Todos los logros de las ciencias exactas inciden en forma determinante en la forma de vivir que tiene cada sociedad basada en la disponibilidad de los nuevos recursos tecnológicos que sin duda han modelado la interrelación de las personas, en estos tiempos manejadas sobre todo por las herramientas de comunicación que nos hace ver diferentes a las generaciones anteriores y a nosotros mismos dada la celeridad de la evolución de estos recursos del área de la informática.
Pero más allá de la importancia para nuestra vida cotidiana tantos de las ciencias exactas y las ciencias llamadas no exactas hay que reconocer que muchos abusan de la inexactitud manejando teorías estrafalarias sin ningún sustento, pero se mantienen por seguidores más estrafalarios que los promotores y que en ocasiones han generado conductas a contrapelo de la lógica.
A pesar de todas las evidencias, aún perduran los terraplanistas que niegan que el planeta tierra es una esfera, hay quienes venden terrenos en el cielo y lo peor de todo es que hay gente que compra, hay quienes niegan la importancia de la inmunización a pesar que han eliminado epidemias de enfermedades infectocontagiosas con consecuencias catastróficas y la prédica de los antivacunas han llevado a cierta comunidades a no vacunar a sus niños lo que han provocado la reaparición de enfermedades que ya estaban controladas como está sucediendo ahora con el sarampión.
En conclusión, están las ciencias exactas con conclusiones uniformes, las ciencias inexactas, pero con un sustento lógico y están las ciencias estrafalarias que no son ni una cosa ni la otra sino todo lo contrario.