Por el Padre Martín Ponce de León
Una de las realidades que, como cristianos, necesitamos, es la de acercarnos a Jesús. Jesús es un personaje donde, con facilidad, se presta para que se entremezclen cuestiones de fe y de historia.
Está bien que tal cosa suceda, siempre y cuando una no desplace a la otra, puesto que Jesús supo vivir, ambas cosas, desde una única realidad. Si por mirar el aspecto divino de Jesús lo despojamos de su realidad humana, sin duda, estaremos cometiendo un error. Pero, también, si lo hacemos a la inversa.
Acercarnos a Jesús es intentar realizar una mirada donde ambas cosas se dan en unidad. Para acercarnos a “Dios hecho hombre” necesitamos mirar al Jesús de la historia que no podemos teorizar sino descubrir.
Una persona que vivió y creció dentro de una realidad histórica que no podemos desconocer. En una cultura propia de un tiempo que, necesariamente, debemos descubrir.
Nada en los relatos evangélicos está puesto al azar. Todo responde a una clara intencionalidad que, muchas veces, solemos ignorar. Los relatos evangélicos no son una crónica, ni una biografía. Son textos que buscan ayudarnos a realizar un acto de fe en la persona de Jesús.
Nada de la persona de Jesús está puesta al azar. Todo lo suyo está puesto para que podamos acercarnos, un poco más correctamente, a su verdad que no es otra que la verdad de Dios, aunque sepamos que, siempre, nuestro acercamiento a esa verdad, será limitada ya que lo hacemos desde nuestra condición de criaturas.
Es desde nuestra realidad de humanos que, mirando a Jesús y acercándonos a Él que podemos tener un acceso a Dios, por más que sepamos que, ello, no es otra cosa que un muy limitado acceso ya que lo suyo trasciende nuestra condición y nuestras capacidades.
Para poder tener un limitado acercamiento a Dios, necesitamos tener un ilimitado acercamiento a Jesús. Él nos habla de Dios desde su condición humana y, ello nos hace saber que, tal acercamiento es parcial ya que lo de Dios, va mucho más allá de lo que, humanamente, podemos acceder.
Según los relatos evangélicos, Dios es un Padre. Para poder entender dicho concepto debemos entender lo que, en los tiempos de Jesús, implicaba un “padre” y, dicho concepto, nos aproxima a la “paternidad de Dios” que va mucho más allá de la paternidad humana que podemos conocer.
Así podríamos continuar mirando diversos aspectos del Dios de Jesús. Para ello necesitamos acercarnos a Jesús que fue un judío de un tiempo y al que debemos acercarnos. Para ello contamos con los relatos evangélicos que deben servirnos como instrumento de acercamiento.
Los evangelios no pretenden ser una cronología de los hechos de Jesús. Ello lo podemos ver, sencillamente, observando en sus relatos, el que se refieran a un mismo hecho ubicándolo en diversos momentos de su vida pública. Es que los evangelistas aprovechan los hechos para utilizarlos conforme su conveniencia o en la finalidad de sus textos. Podemos afirmar que los evangelios responden a una teología narrativa y, como tal, debemos esforzarnos en leerlos.
Acercarnos a Jesús no resulta, muchas veces, una tarea sencilla ya que necesitamos sumergirnos en una cultura muy distinta a la nuestra. Tampoco podemos quedarnos en ello, ya que necesitamos descubrir lo que, desde ello, nos está, constantemente, diciendo de Dios.
Sábado 25 de Abril, 2026 255 vistas