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Miércoles 01 de Julio, 2026 152 vistas

Ahora blindados sí: Otra contradicción del Frente Amplio

Por Pablo Vela
La política uruguaya tiene una larga tradición de criticar determinadas medidas cuando las propone el adversario para luego adoptarlas cuando se llega al gobierno. Lo que ocurre hoy con las iniciativas de seguridad impulsadas por el ministro del interior, Carlos Negro, parece encajar perfectamente en esa lógica.
Durante años, desde filas del Frente Amplio se cuestionaron propuestas vinculadas al fortalecimiento de las capacidades del Estado para enfrentar al crimen organizado. Muchas de las ideas promovidas por el senador Gustavo Zubía fueron recibidas con resistencia bajo el argumento de que implicaban un endurecimiento excesivo de las políticas de seguridad o una visión represiva del problema. ¿Cómo se va a permitir actuar a funcionarios del Ministerio de Defensa entre civiles? ¡Fachos!
Sin embargo, la realidad terminó imponiéndose. El crecimiento del narcotráfico, el aumento de la violencia asociada al crimen organizado y la sofisticación de las organizaciones delictivas obligaron a reconocer que el Estado necesita herramientas acordes a la magnitud del desafío. El gobierno frenteamplista finalmente reconoce haber sido superado.
Hoy resulta llamativo observar al gobierno frenteamplista impulsar medidas que lisa y llanamente van en contra de lo que antes criticaba. La incorporación o utilización de vehículos blindados del Ministerio de Defensa Nacional, el fortalecimiento logístico de las fuerzas encargadas de la seguridad y la necesidad de dotar al Estado de mayor capacidad operativa muestran que ciertos diagnósticos que fueron desestimados en el pasado no estaban tan equivocados.
No se trata de cuestionar la decisión actual. Por el contrario: si la situación exige reforzar los recursos materiales para combatir al crimen, corresponde hacerlo. El problema es la incoherencia política. Lo que ayer era presentado como exagerado o innecesario hoy aparece como una necesidad evidente.
La ciudadanía tiene derecho a preguntarse que cambió. ¿Cambió la realidad? Sin duda. Pero también es cierto que muchas de las advertencias sobre el avance del crimen organizado ya estaban sobre la mesa hace años. Lo que parece haber cambiado, más que el diagnóstico, es la posición desde la cual se observa el problema: una cosa es hablar desde la oposición y otra muy distinta es gobernar. Aquello del rédito político y lo políticamente correcto, el de llegar al poder a como de lugar, decir las cosas sin querer ofender a nadie, escondiendo las verdades necesarias.
La experiencia demuestra una vez más que los problemas de seguridad suelen ser más complejos que los discursos partidarios. Y cuando las responsabilidades de gobierno obligan a actuar, las fronteras ideológicas se vuelven mucho más difusas.
Si el Frente Amplio considera hoy necesarias medidas que antes rechazaba, debería reconocerlo con honestidad intelectual. Porque gobernar implica rectificar cuando la realidad demuestra que ciertas herramientas son indispensables. Lo que no resulta convincente es negar ayer lo que se defiende hoy.
La seguridad pública requiere coherencia, continuidad y políticas de Estado. Cuando las propuestas son evaluadas según quien las presenta y no según su pertinencia u oportunidad, las contradicciones terminan quedando en evidencia.