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Viernes 24 de Abril, 2026 218 vistas

Caso “Moisés” ¿hay indulto?; desde Lombroso a Ojeda

Por Pablo Perna
En el siglo XIX, el italiano Cesare Lombroso, quien fue considerado el padre de la “Criminología”, ciencia que estudia los motivos por el cual las personas cometen delitos. Era un médico forense y docente de medicina legal, que impuso una visión que hoy nos parece tan cruel como fascinante. Para él, el criminal no era un hombre común que se apartaba del camino recto, sino que era un error de la naturaleza. Según su teoría, habla del delincuente "nato" que se puede identificar a simple vista; era el morocho de rasgos toscos, el de mandíbula prominente, orejas grandes y mirada aterradora. Era, en definitiva, el "feo" o el poco beneficiado físicamente. Bajo este prejuicio, la fealdad era el envase natural del delincuente y el destino de esos hombres ya estaba escrito en la forma de su cráneo y en la aspereza de su piel. 
Lombroso analizando cráneos de delincuentes, encontró en la foseta occipital que es una pequeña hendidura en el hueso, similitudes con los cráneos de los monos, por lo que concluyo que el delincuente era un ser primitivo, un atávico, un ser que había quedado en la mitad del proceso evolutivo entre el mono y el hombre. Recuerdo en la Facultad de Derecho a mi profesor de Criminología, al “Maestro” Germán Aller, que sostenía en sus clases que las cárceles uruguayas eran todas lombrosianas, porque no se veía presos rubios y de ojos celestes.
Sin embargo, el caso de Moisés Martínez, que hoy tiene al Parlamento uruguayo en un debate sin precedentes, hace añicos aquel viejo manual de fisonomías. Moisés escapa totalmente a ese prototipo: joven, de tez blanca y apariencia cuidada, su imagen no proyecta la "maldad biológica" que Lombroso describía. Su tragedia no está escrita en sus rasgos, sino en su historia. Este joven ha sido condenado a 12 años de prisión por matar de 15 disparos a su padre por la espalda; el muerto según las denuncias, fue un abusador sistemático que sometió a su familia a un calvario de violaciones y violencia. 
La discusión hoy en el Parlamento sobre su indulto (basado en el Art. 85, num. 14 de nuestra Constitución), que es la exoneración de la pena a las personas que han cometido delito, donde no existen antecedentes recientes en el Uruguay, ha generado dos posturas poco conciliables. A favor de estudiar la viabilidad del indulto se encuentra el senador  Andrés Ojeda afirmando que en este caso, se podría estar cometiendo un acto de justicia ante la omisión estatal previa, en cuanto la justicia no puede ser una "letra fría" que ignore 28 años de tortura y estrés postraumático. Se argumenta que el asesinato fue el último recurso de una víctima a la que el Estado le dio la espalda desde el 2010.
Por otra parte el ex dos veces presidente Julio María Sanguinetti ha criticado esta vía. Su postura es estrictamente institucional, en cuanto el Parlamento no debe entrometerse en las sentencias del Poder Judicial. Para Sanguinetti, por más doloroso que sea el contexto, permitir que los políticos anulen sentencias de jueces es un camino peligroso que debilita el orden democrático y la separación de poderes.
Estamos ante una encrucijada que trasciende lo jurídico. Por un lado, la necesidad de mantener el orden legal y el respeto a las instituciones; por el otro, el clamor de una sociedad que no quiere ver a una víctima de abuso languidecer en una celda por haber hecho lo que el Estado no supo prevenir a tiempo. Mientras el Parlamento analiza los informes técnicos pedidos a la presidencia de la Asamblea General, nos queda la reflexión: ¿Es Moisés un delincuente que debe pagar, o es el testigo viviente de una tragedia social que la ley no alcanzo a proteger? Quizás la respuesta no esté en los cráneos de Lombroso, sino en la sensibilidad de un país que todavía debate cómo afrontar la violencia y abusos familiares puertas adentro de cada hogar.