Pablo Bonet Cabrera
Desde hace unas semanas atrás, se comenzó a hablar de la seria posibilidad del retorno del fenómeno de El Niño. Una situación climatológica que se caracteriza por el aumento de lluvias. Muchos medios de información ya han calificado a este fenómeno como el “Niño Godzilla” o el “Super Niño”, destacando que esta edición sea de las más grandes de la historia.
No se puede negar que dichas afirmaciones se basan en estudios científicos que se vienen realizando desde hace décadas y refieren al calentamiento de las aguas del Pacífico y su influencia en la concreción de lluvias abundantes o fuertes sequias.
Hasta aquí la información científica, la cual no entra en detalles en cuanto a el momento que comenzarán las lluvias, si serán en tan región o tal otra, y menos el alcance en cuanto a milímetros y la duración de este fenómeno.
Quienes estudian científicamente el tema, saben que existe una gran posibilidad de que suceda, pero no pueden señalar más detalles específicos, porque, entre otras cosas, se está hablando que sería dentro de unos meses y no ahora. Si existen variaciones de los pronósticos de una semana para la otra o de un día para otro, mucho menos se puede detallar lo que va a suceder dentro de meses.
Pero paralelamente a esa validación científica, está la psicosis social que genera esta situación.
El común de la gente transforma pronósticos en catastróficas realidades al punto de parecer una carrera de quien predice la mayor desgracia. No he escuchado a nadie decir que no va a ser tan grande como se piensa, pero si señalar que las dimensiones del suceso van a ser inigualables.
Afirmaciones como que… “comentan que el río va a superar la altura de la creciente del 59”, “ya llovió en Brasil y esa agua viene toda para acá”.
En la creciente del 2016, fue más grande en caudal de agua que la del 59, pero a raíz del control que ejerce la Represa es que no llegó a la altura del 59. (Informes de técnicos de CTM).
Cuando llueve en Brasil, no siempre el agua viene por el rio Uruguay. Todo depende del cause donde llueva. Años atrás llovió de forma increíble en Río Grande pero el agua fue para la Zona Este y generó una crecida histórica en Porto Alegro y zonas cercanas.
Nadie niega que va a suceder un fenómeno de lluvias abundantes, pero la costumbre popular es agradar las consecuencias.
Hemos escuchado cosas como… “en Brasil se rompió una represa y Salto Grande no puede sostener toda eso que viene”, a lo que se agrega, “van a tener que hacer explotar la pólvora que hay en las cabeceras del puente para que pase toda el agua.
En Brasil no se rompió ninguna represa, ni Salto Grande tiene pólvora debajo de las cabeceras. La creatividad popular no descansa.
“Dicen que el río llega a 15” afirma uno a lo que otro a su lado señala, “a mi me dijeron que supera los 16 metros” y como siempre, hay uno que redobla la apuesta con una afirmación que se escucha mucho “me comentó fulano, que es vecino del hermano del sereno de la empresa donde trabaja el tío del chofer de una camioneta de Salto Grande que le dijeron a él de adentro de la represa que el río supera los 20 metros”.
Y así se va generando una psicosis colectiva que como una bola de nieve que día a día genera más miedo, terror y especialmente un cúmulo de falsas informaciones que son tomadas como ciertas.
Todo esto lo he vivido muchas veces en persona, por tener mi casa a una cuadra del cauce del arroyo Sauzal, pero también lo que vivido en espacios de trabajo, charlas callejeras y comentarios en las redes sociales. Esperemos que, más allá de lo fantasioso, la gente se base más en informaciones publicadas y no en dimes y diretes sin fundamento. Hay gente que no se da cuenta lo mal que pasan muchos que están dentro de las zonas de riesgo. La realidad es una, las fantasías muchas.
Sábado 04 de Julio, 2026 216 vistas