Pasar al contenido principal
Sábado 16 de Mayo, 2026 22 vistas

Derrapé

 Por el Padre Martín    Ponce de León    
El Obispo suele utilizar esa expresión (el título de este artículo) frente a algunas situaciones. Estoy convencido habría utilizado tal dicho ante el lamentable suceso que viví hace unos días.
Quisiera poder explicar lo que motivó mi comportamiento, pero, aún, no logro comprender la verdadera razón que me llevó a “derrapar” Por ello no pretenderé justificarme o, siquiera, explicarme.
Una vez a la semana salimos, con otras personas, a recorrer distintos lugares llevando comestibles. Son lugares donde funciona una olla popular y un merendero o un merendero y se ayudan a vecinos del barrio.
Debo reconocer que es una actividad que me agrada realizar puesto que disfruto el encuentro con esas muy variadas situaciones.
Desde el año pasado, mi participación se limita a acompañar haciendo presencia ya que no se me permite colaborar bajando peso, desde el coche en el que vamos hasta el lugar donde lo habremos de dejar. Las operaciones a las que fui sometido me limitaron a convertirme en un acompañante. No obstante, esa limitación disfruto de la actividad, por más que me gustaría ser más útil.
Ya habíamos realizado casi la mitad de la recorrida y todo se desarrollaba con normalidad. Llegamos a una casa. La dueña de casa se acercó, como lo hace siempre y dos jóvenes se unieron a ella para ayudar a descargar lo que se les indicase.
Intenté ayudar a correr un cajón con boniatos que se debía bajar en ese lugar. Era uno en el que habíamos dejado algunos morrones congelados y se encontraba muy junto a otro.
Me llamaron la atención de que no podía hacer fuerza y casi que impulsado por un resorte abandoné el lugar en el que me encontraba. Me senté dentro del coche y con fuerza cerré la puerta. 
No me importaba que hubiese gente. No me importaba estar actuando como un niño caprichoso. Allí se me terminó la actividad.
Ya no quería hablar con nadie, ya no quería escuchar algo más. Me encerré en mí y no me importaba estar molestando a otras personas con mi mal humor y silencio. Derrapé.
Sé que lo que me piden lo he escuchado reiteradamente y nunca me había molestado de tal manera. Sé que lo que me impiden lo hacen por el simple hecho de cuidarme y ello no me había incomodado anteriormente.
¿Qué fue lo que me llevó a reaccionar de tal manera? No sabría decirlo con certeza.
¿Qué fue lo que me sucedió como para actuar con tal vehemencia? No lo sé.
Hace muchos años estoy intentando domesticar mi carácter y, sin duda, lo sucedido hace unos días, ha sido dar muchísimos pasos hacia atrás.
Quisiera poder encontrar un justificativo para mi comportamiento, pero no logro encontrar al mismo. Todo me dice de sin sentido y exageración. 
Ojalá hubiese pensado en lo que hacer, pero en ese momento me dejé llevar. Actué totalmente sin control y, lo que es peor, sin sentido.
Ello me sirve para saber que, aún, estoy muy lejos de poder abandonar mi lucha sobre el carácter. Lo logrado, sin duda, lo destruí sin lograr encontrar una razón válida que justificase, de alguna manera, el modo de comportarme.
Mil veces me he preguntado ¿Por qué derrapé? Y no encuentro otra respuesta que “Debo tener cuidado”.