Por el Padre Martín Ponce De León
Me resulta muy difícil el pretender desunir tu realidad de la de tantos niños que, sin lugar a dudas han de vivir un “Día del niño” totalmente diferente al tuyo. Tus cortos años de vida te hacen entrar en la nómina de los que deben celebrar dicho día con alguna nota especial. Tu realidad me hace suponer que la mejor celebración, para vos y tu familia, no pasa por ninguna de las ofertas de ese día.
Tu salud, pese a tus cortos años, se vio afectada por un serio problema renal que te llevó a una cirugía. Ello no sería tan importante si no fuese por el hecho de tu lugar de vida.
Habitas en un modesto rancho instalado casi a la ribera de una cañada que atraviesa (Sí, ya lo sé. Tu vivienda es una de las tantas que ocupan partes de ese espacio) al barrio. Techo de chapa y nylon dicen de precariedad. Las paredes no son otra cosa que costaneros y más nylon y de unas muy pequeñas dimensiones. Allí convives con tus padres y tus otros dos hermanitos.
Todo hace suponer que es un espacio donde el frío se hace presente con toda su fuerza. Para dificultar, algo más, la situación de precariedad en la que creces, está la dificultad del lugar donde tu pequeña vivienda está instalada. Cerca de la cañada y en una ladera y, por lo tanto, en un lugar donde el agua y la humedad es una realidad constante.
Sobradamente sé que muchas de esas humildes viviendas no reúnen las condiciones de dignidad para cualquier ser humano, pero tu situación de salud hace que el lugar en que se encuentra la vivienda donde debes crecer, resulte mucho más indigna.
Allí tu padre sale diariamente a cumplir con su trabajo para que ustedes puedan salir adelante en un cercano mañana. Allí tu madre hace lo que está a su alcance para ayudarles a crecer entre cuidados y el afecto que te brinda a vos y a tus hermanos. Pero sus limitaciones son mayores que sus deseos y posibilidades.
El clima se anuncia con mucha lluvia por delante y, por lo tanto, con mucho tiempo para tener humedad y barro bajo los pies. Por ello es que, justamente con oportunidad del “Día del niño” es que deseo puedas tener el más necesario de los regalos. Sin lugar a dudas ha de ser un presente que te llevará a mirar el mañana y sonreír. Tal vez no lo comprenderás ni lo tomarás como un obsequio, pero, no lo dudes, es el más gratificante que puedes recibir. No hay nada más hermoso que el hecho de ser tocado por la solidaridad y ello es lo mejor que puede ocurrirte.
Esa solidaridad que ya ha comenzado a ser presente desde esa tía que les ha dado, en el fondo de su casa, un terreno para que puedan construir. Dicho terreno está en una altura y lejos de la cañada. Con muy poco (nivelar el terreno) ya pueden comenzar a soñar con un terreno sin tanta humedad y lejos de tener que luchar contra el barro para caminar dentro de la casa o para arribar a ella.
Quizás ya puedan trasladar la habitación donde ahora están y muy pronto puedan comenzar a levantar una sin la necesidad de tanto nylon y cartones.
Por ello es que mi deseo es que puedas tener ese obsequio que hoy te es tan necesario y puedas descubrir que la solidaridad todo lo puede.
No será un juguete que podrás disfrutar por un tiempo. No será alguna ropa que te vestirá a nuevo por un muy breve tiempo.
Ha de ser un lugar donde podrás crecer con los sueños de cualquier niña que, con salud, puede soñar con hacerse un lugar en el mañana.
Ha de ser un lugar donde no tengas que estar sobre un colchón para no pisar agua o barro, sino que tengas un lugar donde, como cualquier niño puedas jugar y divertirte sobre un piso que no atente contra tu salud.
Por ello es que mi deseo es que te regalen un algo de solidaridad para todo sea mejor
Sábado 15 de Agosto, 2026 179 vistas