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Jueves 09 de Abril, 2026 92 vistas

El impacto de la IA en la forma de vincularnos

Por Alexandra Ledesma
Socióloga y Educadora Sexual
La inteligencia artificial dejo de ser parte de algo lejano, para convertirse en parte de nuestras vidas todos los días. Esta en nuestros celulares, en las búsquedas de internet, en nuestros trabajos, y cada vez más, en cómo nos vinculamos. 
Lo que antes pasaba entre personas hoy se ve reemplazado por algoritmos, que escuchan, que responden y hasta nos muestran cierta empatía, propia de los humanos. 
En este contexto, los vínculos atraviesan una gran pero silenciosa metamorfosis. Con IA somos escuchados, nos ofrece disponibilidad sin límites de horas, responde de forma rápida y sobre todo, sin prejuicios. Para muchos todo esto es la gloria, implica poder expresarse sin miedo a ser rechazados, sin exponerse, sin la mirada incisiva del otro. 
Pero déjenme decirles que esto solo nos pone frente a un fuerte cuestionamiento ¿ya no somos capaces de tolerar los vínculos reales?, ¿ya no podemos vivir sin la realidad virtual?
Relacionarnos cada vez más con la realidad virtual, sólo debilita los vínculos reales, esos en donde hay presencia, negociación, frustración, satisfacción. Las personas no responden automáticamente, no están constantemente disponibles, y tienen límites, y es justamente en este ida y vuelta real que se construyen los vínculos reales. 
La inteligencia artificial puede simular la comprensión pero es claro que no siente, no tiene emociones, nos responde de forma coherente y razonada, pero no desde un sentimiento compartido. 
Pero ojo, no todo es malo, puede tratarse muchas veces de una herramienta muy valiosa, nos ayuda a poner en palabras lo que a veces cuesta expresar, nos brinda nuevas opciones, otras perspectivas de algo que quizás no vemos una salida, incluso nos acompaña en procesos personales, en decisiones a tomar, en todo momento. 
El riesgo no se encuentra en la IA en si, se encuentra en el lugar que le damos, en que llegue a sustituir las relaciones humanas. 
En el terreno afectivo, aparece una tentación clara, elegir aquello que podemos predecir por sobre lo que no, elegir entonces el ida y vuelta con la vida virtual por sobre las relaciones reales, tangibles, porque la IA no discute, no es indiferente, no se marcha, no decepciona, pero tampoco quiere, no llega a amar, no abraza, solo consuela de forma superficial, con algo con lo que muchas veces nos conformamos. 
El desafío se vuelve, no en rechazar todo lo que trae consigo la Inteligencia artificial, sino en saber cómo y en qué momento integrarla a nuestras vidas, que no desplace lo esencial, el cara a cara, las conversaciones, los conflictos con resolución fundada por dos personas que exponen su visión y logran acuerdos. 
El contacto real no puede perderse, nunca, es esencial entre personas, es eso que nos caracteriza, sobre todo en un mundo donde poner piloto automático es lo más común, elegir el encuentro, la cercanía, el dialogo, es lo más humano a lo que podemos aspirar. 
Aquí el verdadero desafío no es tecnológico, es emocional, es animarnos a mostrarnos vulnerables, a mirar a los ojos, al riesgo, a la incertidumbre del día a día de las relaciones. Es en ese espacio donde nos mostramos tal cual somos, donde se ve y se construye lo autentico. 
Nada reemplaza un abrazo, una caricia, ser tocados, mirados, amados o incluso lo que nos genera una decepción. 
Nada reemplaza lo humano de la humanidad.