Por Pablo Perna
La semana pasado fue el día del “Peón rural”, y el periodista salteño Pedro Rodríguez aprovecho la ocasión para difundir en sus redes sociales la magistral entrevista que realizara en su programa radial al ex tupamaro y guerrillero Héctor Amodio Pérez, donde cuenta a lujo de detalles de cómo fue el macabro asesinato ocurrido en 1971 del peón rural Pascasio Baez en manos de quien fuera en el futuro los líderes del Gobierno del Frente Amplio.
Cuenta el ex tupamaro que el autor material de matar a Pascasio, que se auto culpo, fue un estudiante de medicina que bajo las indicaciones de sus superiores le inyecto 2 gramos de pentotal, una dosis 10 veces superior a la anestesia, la que probaron previamente con animales. Los autores intelectuales fueron la cúpula del MLN Tupamaros, donde uno de sus líderes fue Mauricio Rosencof, que de manera extraña e irónica es hoy reconocido como ciudadano ilustre, recibiendo reconocimientos y homenajes públicos por todo el mundo.
Cuenta que Pascasio encuentra el escondite por un descuido de uno de los militantes, en virtud que en la tatusera no se permitía fumar; por lo que sin tomar las precauciones del caso, sale a fumar, corriendo la puerta del escondite que se trataba de una piedra de dos toneladas de peso, que con un balancín se abrir y cerrar fácilmente. El peón andaba de ronda y ve a una persona salir debajo de una piedra, por lo que sigue su recorrida haciéndose que no lo vio; más tarde el peón acude al bar y cuenta la anécdota; uno de los colaboradores tupamaros se encontraba en ese momento y escucha, por lo que le alerta al propietario de la chacra donde se encontraba la tatusera, por lo que rápidamente resuelven tramarle una trampa. Le dicen al peón que tiene que llevar un caballo a las inmediaciones donde se encontraba la tatusera, y como bien hombre de campo, humilde y confiado, cae en la trampa.
Amodio cuenta que sus compañeros tupamaros fueron tan cobardes, que ni siquiera tuvieron la valentía de decirle que lo iban a matar; le dijeron que lo iban a trasladar, le dieron ropas nuevas y luego le suministraron la inyección letal; se sorprende del sarcasmo del hecho en cuanto la dan ropas nuevas para luego sacárselas, en cuanto lo enterraron desnudo. Se asombra que por un descuido de un militante que sale a fumar sacrifican la vida del peón rural; relata que sus compañeros eran tan desprolijos que toda las armas y municiones que tenían en ese escondite se echaron a perder, por no previeron filtraciones, lo que demuestra las cabezas inmaduras y retorcidas de sus protagonistas.
Irónicamente también la semana pasada, bajo la protección del Gobierno dirigido por los discípulos de esos hombres, fue arrancada la majestuosa estatua de bronce del “Peón rural” que se encontraba en El Pardo- Montevideo, quedando únicamente como testigo del vandalismo los pies de bronce del peón aferradas al pedestal. Más tarde se encontraron los culpables, donde declararon que hicieron desaparecer la estatua al haberla fundida y vender el bronce; la justicia los condeno pero los puso en libertad.
La vida no es justa, prueba es el destino de Pascasio que quedó sellado por la ineptitud de un “compañero” que no pudo aguantar las ganas de fumar, que para proteger ese agujero, la cúpula del MLN decidió que el cuero de un peón inocente valía menos que su "tatucera". Lo durmieron con pentotal y lo desaparecieron bajo la tierra, traicionando a la misma clase trabajadora que decían defender y que hoy mediante leyes decorativas hacia el peón rural y en el entorno del mármol y alfombras rojas el poder pretende lavar sus culpas.
La vida es injusta, y más para el hombre de campo o del interior, siempre lo fue y parease que lo seguirá siendo, tal como lo sentenciaba Martín Fierro: "Para él son los calabozos, para él las duras prisiones; en su boca no hay razones aunque la razón le sobre; que son campanas de palo las razones de los pobres". En homenaje al “peón rural” queríamos recordar parte de nuestra historia.
Viernes 08 de Mayo, 2026 260 vistas