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Miércoles 24 de Junio, 2026 298 vistas

El presupuesto ya no puede ser excusa

Por Pablo Vela
La aprobación del Presupuesto Quinquenal por parte de la Junta Departamental marca un punto de inflexión para Salto. A partir de ahora, el gobierno departamental cuenta con la principal herramienta política, financiera y administrativa para ejecutar su plan de gestión durante los próximos años. La discusión ya no pasa por lo que falta aprobar, sino por lo que efectivamente se hará.
Durante los primeros meses de gobierno, las autoridades departamentales insistieron en que la falta de aprobación del presupuesto limitaba la capacidad de planificar nuevas acciones, desarrollar cambios en la estructura administrativa y avanzar en proyectos de inversión. Incluso se sostuvo públicamente que la Intendencia seguía funcionando con normas presupuestales heredadas y que eso generaba dificultades para encarar obras y servicios que la población reclamaba. Hecho que no compartimos y que inclusive en campaña, quienes hoy sostuvieron eso para respaldar la apatía gubernamental, tampoco pensaban de esa manera, pero es política y la política actual, lamentablemente tiene esas cosas, como te digo una cosa, te digo la otra.
Es decir, el no tener el presupuesto aprobado fue utilizado reiteradamente como explicación para justificar la escasa concreción de resultados visibles en áreas sensibles para la ciudadanía. Mientras se esperaba la aprobación legislativa, muchos salteños vivían con problemas en calles, espacios públicos, servicios municipales y mantenimiento urbano sin respuestas contundentes.
La cosa cambió. El presupuesto aprobado contempla una planificación de inversiones, obras e infraestructura que el propio Ejecutivo ha definido como la más ambiciosa de la historia reciente del departamento. Además, incluye nuevas herramientas de gestión, previsiones financieras y un plan de inversiones para el período 2026-2030.
Por lo tanto, la ciudadanía tiene derecho a exigir resultados. Si durante meses se afirmó que la aprobación presupuestal era una condición indispensable para avanzar, entonces la lógica indica que las transformaciones prometidas deberían comenzar a verse en el corto plazo. De lo contrario, quedará instalada la sensación de que el presupuesto fue más una explicación política que un obstáculo real.
Salto necesita obras, empleo, mejoras en la infraestructura y una gestión eficiente de los recursos públicos. El debate sobre el presupuesto ya ocurrió, la Junta resolvió y el Tribunal de Cuentas culminó el proceso de revisión correspondiente.
Ya se podrían haber hecho muchas cosas que no ameritaban “dinero de la caja”, ameritaban planificación, gestión y capacidad, pero el presupuesto lo era todo.
Comienza ahora la etapa más importante: la de los hechos. Y en política, los gobiernos en la historia terminan siendo evaluados no por las excusas que presentan, sino por los resultados que entregan.
Aunque los votos se vayan a buscar con otros aditivos.