Por el Padre Martín Ponce De León
Todo depende del grado de relación existente.
Un amigo verdadero jamás se ofende por algo que se puede realizar. Siempre busca justificar y aceptar, aunque no deje de reconocer que el otro ha obrado equivocadamente.
Una madre puede conmoverse ante la reacción desubicada de su hijo pero inmediatamente toma la iniciativa para lograr demostrar la cercanía que conserva para con él. Inmediatamente le perdona y comienza a esperar y buscar que su hijo reconozca su equivocación. Lejos de pretender humillarle con un pedido de perdón le demuestra que ya le ha perdonado.
Necesario se hace una actitud muy inmensamente grave para poder ofender a con quien, realmente, se tiene una relación de amor. Solemos decir que el pecado es “una ofensa que realizamos a Dios” Pero, también, solemos afirmar que Dios nos ama desde nuestra condición de pecadores. No nos ama porque somos “perfectos” o porque ya no nos equivocamos más. Nos ama sabiendo que nos equivocamos y nos equivocaremos.
Es, entonces, que uno se pregunta si realmente se ofende por nuestras equivocaciones.
No nos ama con un amor progresivo, sino que siempre lo hace desde su plenitud.
Una madre………. Un amigo………… dos realidades de conductas humana. ¿Dios no es mucho más que cualquiera de ellas o, si lo deseamos, de ambas juntas?
Desde el ejemplo de la madre ¿qué sería el pecado? No es el haberla ofendido puesto que ella inmediatamente perdona. Todo pasa por una realidad interior que me hace tomar conciencia de haber tenido una conducta equivocada frente a quien me ama y el haber, con dicha conducta, dejado incómodamente mal a los otros integrantes de la familia. No se ha sabido corresponder al amor que se brinda. Se ha incomodado a los otros beneficiarios de ese amor maternal. Ello hace que uno se sienta mal consigo mismo y allí radica el pecado.
Ante el amor me descubro desubicado. Ante el amor me sé no correspondiendo.
Exactamente lo mismo es lo que nos sucede para con Dios.
¿Cómo lo voy a ofender si Él me ama con plenitud de amor? ¿Cómo lo voy a ofender si desde mi acción Él me está haciendo ver que he estado mal? ¿Cómo lo voy a ofender si ha sido Él quien me construyó necesitándole?
La cuestión pasa por lo que me importa, o no, haber estado mal para con Él. La cuestión pasa por esa sensibilidad frente a los otros integrantes de “mi familia” a quienes he incomodado. “Mi familia” es, sin duda, mi próximo y tiene connotaciones que van mucho más allá de algún lazo de sangre o de afectividad.
El pecado, lejos de ser una ofensa a Dios es ese creer que puedo prescindir de Él.
Es un actuar como si yo pudiese ocupar su lugar. Es un actuar donde yo juego, consciente y libremente, a ser Dios.
Me tiende su mano plena de amor para ayudarme a ser plenamente persona y yo desprecio tal ofrecimiento para hacerle saber que no le necesito o que deseo construir mi historia prescindiendo de Él. Jamás va a dejar de tener su mano extendida. Siempre va a estar esperando me decida tomarla para ser ayudado a realizarme. Nunca, por más que conserve conductas equivocadas, me dará su espalda. Jamás dejo de ser su hijo y, por lo tanto, razón de su amor.
Continúa brindando sus signos para que descubra que continúa amándome y esperándome. Soy yo quien rompo una relación. Soy yo quien prescindo de una ayuda. Soy yo quien creo puedo ser autosuficiente. Lo que es más trágico al pensar que con una conducta equivocada puedo llegar a “ofender a Dios” es el hecho de tener una visión muy pobre de lo que es, realmente, el alcance de su amor para con nosotros.
Sábado 02 de Mayo, 2026 204 vistas