Por el Padre Martín Ponce De león
A medida va pasando el tiempo y uno se descubre creciendo en años, se descubre que crece en una creciente deuda. ¡Por suerte no pasas una factura con intereses!
Tal vez que allí uno se encontraría en una situación más complicada que el mismo país en relación con su deuda externa.
Por más que se pueda sentir que ya han sido dichas muchas palabras, día a día, uno puede observar que, aún quedan palabras por decir. Suficiente se hace dejar actuar al hada de los recuerdos para poder descubrir que son muchas las razones para pronunciar palabras que, por más utilizadas que resulten, siempre poseen la novedad de la gratitud y el reconocimiento. Es que los recuerdos nos hacen ver situaciones donde uno tomaba como normal y lógico tu comportamiento, pero........ ¡nada que ver!
Eran situaciones que hacías con total naturalidad y espontaneidad que uno creía que hacer tales cosas eran propias de las “obligaciones” de una madre. Con el paso del tiempo se descubre que todo ello respondía a gratuidad y amor. No era tu obligación el que nos ayudases a realizar esa tarea que nos complicaba las horas. No era tu obligación el que te privases de tanto para brindarnos un poco más. No era tu obligación el que dispusieses de tan poco tiempo para vos puesto que todo tu tiempo nos lo regalabas.
Son muchas las cosas que van surgiendo a medida va transcurriendo la vida y es, entonces, cuando uno se pregunta ¿cómo puedo agradecer todo lo recibido?
Sin duda que no es suficiente un tan tardío reconocimiento, pero....Quizás ello sea una forma de decirte: “Lo voy a intentar”.
Debe de ser ese el mejor de los obsequios, aunque, también, el más difícil de llevar a la práctica. Siempre es posible realizar, por los demás, un acto de gratuidad y amor.
Siempre es posible brindar una mano ante la necesidad de alguien. Siempre es posible olvidarse de uno para dejarle espacio a los demás. Siempre es posible privarse de un poco de tiempo para regalárselo a quien lo necesite.
Por lo general cuando uno hace un regalo es un presente que otorga a la persona que se quiere agasajar. Tú nos enseñaste que el mejor regalo es brindarse desinteresadamente y que no hay que buscar acontecimientos extraordinarios para realizarlo. Siempre hay alguien a quien uno puede brindarse. Por ello es que, tal vez, no sea un presente que uno te realice, sino que uno brinda a los demás y, quizás, ello sea un suficiente regalo para vos.
Poder ver que todo lo que brindaste, con acierto o con error no ha sido en vano. Poder intentar, cotidianamente, que uno puede superar sus muchos defectos en el afán de decirse que ha aprendido la lección recibida.
Son esas lecciones de la vida que solamente son plenas cuando uno es capaz de aplicarlas en su vida. Eso es lo que uno descubre tú has enseñado y brindado.
Las cosas materiales pasan y pierden vigencia. Las cosas que hacen a la vida jamás pierden vigencia y uno tiene toda la vida para poderlas hacer vida y, así, continuarlas con vida. Por ello es que uno siente que tiene una creciente deuda.
Han pasado muchos años para que uno se diese cuenta que necesitaba mirar muy cerca para poder aprender.
Sin duda que será un obsequio que no estará en oferta en ninguna promoción con oportunidad del Día de la Madre.
Sin duda que no será un obsequio que no se puede ofrecer envuelto en ningún tipo de brillante papel de regalo.
Sin duda será un obsequio que no podrá ser visto ni mostrado. Será una realidad que únicamente yo podré constatar.
“Lo voy a intentar” y ello será mi forma de decirte FELIZ DÍA MAMÁ.
Sábado 09 de Mayo, 2026 202 vistas