Por Cary de los Santos Guibert
Juan Botto, inmigrante italiano de origen ligur, fue uno de los comerciantes más conocidos del Salto Oriental durante la segunda mitad del siglo XIX. En 1850 estableció la Confitería de la Victoria, casa que durante cerca de cuarenta años fue considerada el principal establecimiento de su género en la ciudad. La confitería alcanzó particular prestigio y se transformó en uno de los lugares de encuentro de la sociedad salteña. En sus salones se desarrollaban tertulias, reuniones sociales y distintas actividades culturales, acompañando una etapa de crecimiento y transformación de la ciudad. Botto mantuvo al frente de aquella reconocida casa comercial una prolongada trayectoria, hasta que hacia fines de la década de 1880 resolvió enajenarla.
AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD
Su actuación no quedó limitada al comercio. El 16 de marzo de 1867, Juan Botto integró la comisión que, junto con las principales autoridades civiles y militares del departamento, suscribió el acta de colocación de la piedra fundamental de la Casa de Beneficencia Pública. Aquella iniciativa constituyó un importante antecedente de las posteriores organizaciones de beneficencia, entre ellas las comisiones auxiliares y la comisión definitiva de señoras que impulsaron la construcción del Hospital de Caridad de Salto.
UN COMPROMISO CON LA ASISTENCIA PÚBLICA
Durante décadas, aquel establecimiento brindaría asistencia a enfermos pobres del departamento, extendiendo también sus servicios a pacientes procedentes de otros puntos del Uruguay y de las provincias argentinas vecinas. La presencia de Juan Botto entre los firmantes de aquel acto de 1867 permite apreciar otra faceta de su trayectoria. Detrás del reconocido propietario de la Confitería de la Victoria aparece también uno de aquellos vecinos del Salto Oriental que acompañaron iniciativas destinadas a la asistencia pública y al desarrollo institucional de la ciudad.