Por Cary de los Santos Guibert
40 AÑOS EN LA NAVEGACIÓN FLUVIAL
De origen español, Salvador García desarrolló durante cerca de cuarenta años una extensa trayectoria vinculada a la navegación fluvial del litoral. Inició su actuación en las Mensajerías Fluviales a Vapor organizadas por Saturnino Ribes y permaneció ligado a sus sucesivas empresas. Cuando la flota fue vendida a una sociedad inglesa, continuó sus servicios en La Platense Flotilla Company Limited. Tras la quiebra de aquella compañía, volvió a trabajar junto a Ribes en Mensajerías Fluviales del Plata, empresa que en 1900 fue adquirida por Nicolás Mihanovich. El cambio de propietarios no interrumpió su carrera. En octubre de aquel año, el diario La Reforma informaba que García, hasta entonces agente local de la compañía, pasaría a desempeñar un puesto de mayor importancia, proponiéndose a Pedro Echeverry para sustituirlo en la representación de Salto. El ascenso reflejaba la experiencia y confianza alcanzadas durante décadas de actividad en el transporte fluvial.
UNA LARGA VINCULACIÓN CON EL TEATRO LARRAÑAGA
Paralelamente, García desempeñó durante unos cuarenta años la Secretaría Honoraria del Teatro Larrañaga, inaugurado el 6 de octubre de 1882 por iniciativa del jefe político de Salto, coronel Teófilo Córdoba. Durante su prolongada gestión desfilaron por aquella sala destacadas compañías teatrales del Río de la Plata, en una época considerada entre las más brillantes de la historia del establecimiento.
VICECÓNSUL DE ESPAÑA
Su presencia en la sociedad salteña alcanzó también el ámbito consular. Ejerció como Vicecónsul de España en Salto y la caída de la monarquía de Alfonso XIII, en 1931, lo encontró todavía desempeñando aquellas funciones. Poco después presentó su renuncia y se retiró de la vida pública. Su extensa residencia y sus servicios empresariales, culturales y consulares hicieron de Salvador García una figura estrechamente vinculada al Salto Oriental. La semblanza publicada en Salto en su Centenario, 1837-1937 lo reconocería, con justicia, como un verdadero hijo adoptivo de la tierra salteña que había elegido para desarrollar su vida.