Pasar al contenido principal
Sábado 25 de Julio, 2026 37 vistas

Fuera de la realidad

Por el Padre Martín Ponce De León
El sábado, al comenzar el día, recibí un audio donde se le comunicaba, a la persona que me lo envió, de la situación de su casa afectada por el viento de esa madrugada. También, pude enterarme del accidente que se llevó la vida de una señora. Así comenzó el día. Un día de poco movimiento de personas y de actividades muy escasas.
Me moví dentro del edificio donde vivo. Todo era ausencia de personas y silencios.
Recordaba el audio recibido, pero suponía tenía mucho de color conociendo a quien lo había realizado.
Así transcurrí mucho tiempo de la jornada. Nada me hacía suponer o imaginar lo que, realmente, había sucedido. Estaba en la zona centro de la ciudad y, salvo algunas ramas caídas, nada hacía imaginar lo que, verdaderamente, había pasado.
Siempre me ha ocupado la realidad para poder saberme con los pies sobre la tierra. Ello es, para mí, una necesidad en mi sacerdocio. Es desde la realidad donde Dios nos habla. Es, para la realidad, que debemos nuestra mano tendida. Sin lugar a dudas, estuve fuera de la realidad todo ese día.
Fue, recién el lunes, donde me encontré con la realidad directamente. Los medios, el domingo, hablaban de una situación que me resultaba totalmente lejana. Debía encontrarme con lo sucedido. 
El lunes la realidad me golpeó y me llenó de vergüenza. ¿Qué me había sucedido? ¿Cómo pude estar tan ausente de lo que había sucedido? ¿Dónde estaban mis pies, ya que tan lejos de la tierra?
Podría encontrar diversas justificaciones, pero nada me servía como excusa válida. No pretendía buscarla y las chapas de los techos volados se me hacían dedos que señalaban mi ausencia y a ello debía asumirlo como una responsabilidad que me llenaba de vergüenza. 
Cuando todo era caos y manifestaciones de solidaridad yo permanecí encerrado en “mi mundo” tranquilo y seguro puesto que la tormenta no había pasado por él con la fuerza que golpeó a pocas cuadras.
Muchísimas veces me he sentido hablar de la necesidad de salir a la intemperie y, justamente cuando la realidad me solicitaba salir, me quedé en la comodidad de “mi mundo”
¿Necesitaba que la situación golpease a mi puerta, para salir a su encuentro? Sin lugar a dudas, de que no debía hacerlo ni pretenderlo. Tampoco debía esperar que me llamasen para dar una mano. Debía tomar la iniciativa y salir al encuentro. Ello ni se me pasó por la mente.
La realidad sucede y debemos estar atentos a ella y, no pretendo justificarme por no haberlo hecho. 
Hoy siento que, todo lo dicho anteriormente, podrían sonar palabras que se ha llevado el viento junto con esos muchos techos volados o esas chapas que arrancó. ¿De qué sirven las palabras si no van acompañadas por esos gestos que las acompañen o sustenten?
Me molesto conmigo mismo por el hecho de descubrirme fuera de la realidad en un momento por demás necesitado de manos. Me pregunto cómo hacer para no volver a repetir tal error puesto que, sigo sosteniendo, es la única válida por más que haya fallado.
La realidad nos muestra que, por más seguras que tengamos algunos principios, los mismos pueden, en un instante, volarse y dejarnos fuera de la realidad.