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Martes 21 de Abril, 2026 379 vistas

ACISA queda en la calle ante inminente desalojo y la falta de respuestas oficiales

La comunidad de Salto se enfrenta a una crisis humanitaria y social que pone en jaque el discurso de la inclusión. La Asociación de Ciegos de Salto, una institución con personería jurídica y años de trayectoria en la formación y apoyo a personas con discapacidad visual, ha recibido una orden de desalojo que los deja literalmente en la vía pública. La noticia cayó como un balde de agua fría sobre los integrantes de la organización. Ester Reynoso, presidenta de la asociación, describió el momento en que recibió la notificación judicial como un punto de quiebre absoluto. «Cuando vi que era un cedulón, sentí que se me venía el mundo abajo», relató con profunda angustia, señalando que lo que hoy ocurre en el departamento es una situación que «duele en el alma».
CENTRO DE VIDA QUE SE APAGA 
La relevancia de la Asociación de Ciegos trasciende lo edilicio; es, para muchos, el único vínculo con la autonomía y la integración. En sus instalaciones se imparten clases fundamentales de lectoescritura en Braille, cursos de informática adaptada y capacitación para el uso de dispositivos móviles, herramientas indispensables para la vida moderna. Además, el espacio funciona como un centro cultural y de manualidades donde los socios han invertido años de esfuerzo para equiparse con los materiales necesarios.
CRÍTICAS A LA GESTIÓN POLÍTICA 
La presidenta fue tajante al cuestionar la inacción de las autoridades locales. Según Reynoso, las gestiones ante la Intendencia de Salto han sido constantes desde el primer momento, pero la respuesta siempre es la misma: «No hay lugar». En un descargo cargado de impotencia, la referente social apuntó contra la clase política, diferenciando la retórica de campaña de la realidad que viven los más vulnerables. «Esta es la inclusión de la que tantos hablan. Esta es la solidaridad. Hoy no es un tema de política, es un tema de humanidad», sentenció. Reynoso lamentó que los políticos suelan acercarse a los sectores vulnerables solo cuando necesitan alcanzar objetivos electorales, pero desaparezcan cuando la urgencia golpea la puerta.