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Sábado 03 de Octubre, 2026 160 vistas

Angustiada

Por el Padre Martín Ponce de León

Me habían comentado que una señora deseaba hacerme un planteo y la razón del mismo. Cuando comenzamos la recorrida sabía que, más tarde o más temprano, habríamos de pasar por su casa y, por lo tanto, me encontraría con ella.

Ni bien legamos a ese lugar la señora se acercó a mí y se puso a comentarme su angustia. Su hijo estaba “consumiendo” y quería ser ayudado a salir de dicho consumo.

Lo primero que se me ocurrió es intentar decirle algo que le ayudase a bajar algunos decibeles a su angustia. “Es mi hijo y estoy dispuesta a acompañarle a donde sea con tal de ayudarlo”

Lo segundo que pensé fue en la cantidad de personas que viven esa misma situación y la angustia que, con toda razón, han de vivir al verse superadas por una situación que escapa a las posibilidades de ayudar que muchos han de encontrar ante una situación similar.

Desgraciadamente es mucho más común de lo que uno puede suponer el encontrarse con seres que viven el consumo problemático de sustancias y no existen muchas posibilidades de tener herramientas válidas como para ayudar a quien lo necesita.

Sin duda que es una situación de enfermedad y, por lo tanto, no alcanza con la buena voluntad o las ganas de poder hacer algo. Es una enfermedad que llega para quedarse y durante toda su vida deberá estar atento y teniendo determinados recaudos que lo ayuden a estar cuidándose de no recaer.

Por esta razón, deberá encontrar seres que le ayuden a saber dominar esas razones que le han llevado al consumo. La familia debe estar acompañada para ayudar y apoyar a ese “enfermo” que irrumpió en su seno.

No es un camino fácil ni sencillo. Es un camino de logros y recaídas. Es un camino de tolerancia y esfuerzos. No es un camino con una solución mágica. Es un camino posible, pero en el que habrá de poner mucho de empeño, de fortaleza y de convicción.

Sin lugar a dudas es un camino donde habrá de sufrir y hará sufrir a sus seres más queridos, no porque lo desee o le agrade, sino como parte de su enfermedad. Tal vez su madre lo intuya y, por eso, su disponibilidad a acompañar, apoyar y ayudar. Tal vez su estar angustiada no sea otra cosa que su deseo de acompañar a su hijo en un proceso que no ha de ser muy sencillo y que tendrá momentos de muchas renuncias y de pequeñas satisfacciones.

Para su hijo ha de ser un camino donde los logros se contarán por horas o días y ella está dispuesta a acompañarle para que valore y disfrute cada uno de esos momentos que no hacen otra cosa que demostrarle que es posible.

No ha de haber realidad más difícil para una madre que ver entrar a su hijo en un camino que no tiene a la felicidad como destino, del que es muy difícil retirarse y, encontrarse con pocos elementos como para poder ayudarle a retirarse del mismo. 

La señora me hablaba y sus ojos se llenaban de humedad como producto del nada grato momento por el que estaba transitando. Yo la escuchaba con la certeza de que mi ayuda era, fundamentalmente, el poder prestarle una oreja para que volcara allí su angustia. 

Ante esos dramas que vive mucha gente es que uno se siente como un instrumento muy pobre y es, plenamente consciente, de que no puede ponerse en un rol protagónico sino, simplemente, en la tarea de instrumento que ayuda y acompaña.

Ojalá pueda, muchas veces, poder prestar una oreja para que alguien pueda, allí, descargar su angustia puesto que, sin duda, ello es la mejor manera de disminuirla.