Pablo Bonet Cabrera
Vengo de años de formación en comunicación en general y de periodismo escrito en particular donde no existían las redes sociales, las computadoras portátiles y toda la tecnología actual. Trabajé muchos años con rollos de fotos que se cortaban en un recinto cerrado totalmente para que no ingresara luz, con máquinas de escribir que le poníamos las hojas y donde la letra X nos servía para tachar una frase que ya habíamos escrito pero que, por algún motivo, no queríamos que saliera en la redacción final.
También debíamos escribir todo, no había de copia y pegue ni de “te mando el informe pronto”. Hermosas épocas donde había que afinar la redacción porque la suma de errores en el tipeo podía implicar tener que arrancar la hoja y comenzar de nuevo.
Luego llegaron las primeras computadoras que, entre otras cosas, aliviaron los oídos de quienes éramos parte del equipo de periodistas. En la sala de redacción podíamos estar 4, 5 o 6 colegas dándole dedo a las máquinas de escribir, generando una suerte de orquesta sinfónica de teclados. El teclado de las computadoras eran un suave sonido en oídos acostumbrados a los apurados dedos de periodistas sobre las viejas máquinas de escribir, a quienes se le venía encima la hora del cierre y los compañeros de diagramación apuraban.
Charlas largas entremedio del trabajo o luego del cierre, coberturas a cualquier hora del día, la noche o los fines de semana. Alegrías cuando teníamos la exclusividad y malas caras cuando la había tenido la competencia.
Momentos de cambios con la partida de las maquinas de escribir y el aprender a manejar las computadoras y sus sistemas. Control F5 para respaldar lo ya escrito, costumbre que siempre nos costó asumir y su olvido llevaba a un tremendo rezongadero cuando la computadora se apagaba de golpe o había apagón. Prenderla nuevamente (varios minutos) y arrancar a escribir de cero todo. Era muy notorio cuando un compañero se había olvidado del Control F5 y ya estaba terminando de escribir la extensa nota… mejor no comentar lo que se escuchaba salir de su boca.
Compañeros esperando que alguna compu quedara libre para hacer su trabajo. Otros con los grabadores prendidos para desgrabar entrevistas o conferencias de prensa. Épocas donde, ni por asomo nos imaginábamos que años después iban a surgir las redes sociales y mucho menos que podíamos llegar a trabajar desde nuestras casas y mandar el trabajo.
Disquetes cuadrados y chatos que había que tratar como de cristal para que no se estropearan ya que eran los únicos soportes donde se podían guardar los archivos. Una sola impresora de punto donde imprimíamos todas las notas escritas como forma de respaldo por si se rompían los disquetes y había que escribir de nuevo el artículo.
Al otro día salían publicadas las notas en el diario pero no nos ponían ni “me gusta”, ni una cara de risa, ni de malos y muchos menos comentarios debajo de lo publicado. Eran años donde se comentaba mucho más en el boca a boca que de forma electrónica.
Pero los años fueron pasando y la tecnología fue cambiando. No se si decir que un tiempo es mejor que el otro, en realidad no soy parte de un equipo periodístico en estos tiempos, lo fui de aquellos tiempos y realmente lo extraño.
Sabíamos lo que opinaba de política cada uno, de que equipos de fútbol éramos, como estaban integradas nuestras familias. Vivíamos nacimientos, pérdidas, compañeros que se jubilaban, otros que cambiaban de trabajo, se iban a otros países, a otros medios de comunicación y otros compañeros que se nos iban.
Fueron tiempos de compartir, de intercambiar, de pasar horas juntos en una pieza llena de creación y diálogos, de discusión y bromas, de noticias y datos en voz baja. Fueron años donde solíamos competir para ver quien se merecía el titular de la portada del día siguiente. Podía pasar que todo indicaba que mañana el titular era de lo que uno estaba escribiendo y al final de la jornada pasaba algo que te dejaba de lado y te conformabas con un segundo plano.
Si tuviera que elegir hoy, volvería a la Olivetti, pero no porque fuera más fácil el trabajo (obviamente que no), sino por todo lo que implicaba aquel tiempo. Lo que escribí arriba y mucho más.