Por Lucía Paiva y Psicólogo Franco Santana
Licenciados en psicología
Centro Integra Salto
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Se fueron las vacaciones de setiembre, y con ellas la pausa en la rutina de todos los días: las clases, las prácticas deportivas, los tratamientos. Una semana de tiempo libre. ¿Tiempo libre? En una época en la que cada minuto está casi siempre ocupado, si no por actividades, por una distracción permanente (TikTok, Instagram, YouTube), ¿existe todavía algo así como el tiempo libre? Las vacaciones ponen a prueba nuestra capacidad como adultos para lidiar con el tiempo libre de nuestros niños y niñas, sobre todo cuando aparece el famoso “me aburro”. ¿Y si el problema no fuera que se aburran, sino lo que nos pasa a los adultos cuando se aburren?
Nos parece que es así: el aburrimiento dice más de los adultos que de los chicos. El psicoanalista británico Adam Phillips, que trabajó durante años con niños, observa que el aburrimiento infantil suele recibirse con una forma curiosa de desaprobación: las ganas adultas de distraerlo, como si hubiéramos decidido que la vida de un chico tiene que ser (o al menos parecer) interesante todo el tiempo. Detrás de ese apuro hay una idea bastante instalada, la de que criar bien es tenerlos siempre ocupados, y también algo nuestro: en la cola del súper o en una sala de espera, a los adultos nos cuesta quedarnos un minuto sin hacer nada.
Ese rato incómodo, sin embargo, puede ser una verdadera oportunidad. Cuando un niño no sabe qué hacer, está frente a una pregunta que nadie puede contestar por él: qué es lo que quiere. Desde el psicoanálisis pensamos que para desear algo primero algo tiene que faltar, y si cada hueco se llena enseguida desde afuera, el niño termina haciendo lo que otros eligieron sin llegar a averiguar qué tiene ganas de hacer él. Phillips lo resume con una imagen muy precisa: el chico que se aburre, en cierto modo, “se está esperando a sí mismo”.
Si los adultos aguantamos las ganas de intervenir, muchas veces la queja se transforma en otra cosa: los almohadones del sillón se vuelven un fuerte, una caja de cartón una nave, o alguien se queda mirando las nubes para encontrarles formas. Ahí empieza el juego, y en el juego libre niñas y niños inventan, ensayan y le van dando forma a lo que les pasa. La psicóloga chilena Pilar Sordo suele repetir en sus charlas que “el aburrimiento es la madre de la creatividad”, y la clínica nos muestra algo parecido: cuando se les deja un poco de lugar, los chicos tienden a llenarlo con algo propio.
Dejar que se aburran tampoco quiere decir dejarlos solos. El pediatra y psicoanalista inglés Donald Winnicott sostenía que la capacidad de estar a solas (y hasta de disfrutarlo) se construye, curiosamente, a partir de la experiencia de estar solo en presencia de alguien. Traducido a la vida cotidiana, eso sería un adulto cerca y disponible, que no dirige ni llena el tiempo del niño, pero que está.
Hay además un aprendizaje que va más allá del juego. Tolerar un rato de aburrimiento es una de las primeras experiencias de sostener una pequeña incomodidad sin que otro la resuelva enseguida, un ensayo en escala reducida de lo que la vida les va a pedir tantas veces: esperar, no tenerlo todo a mano, inventar algo con lo que se dispone. Quien aprende a atravesar el aburrimiento va construyendo recursos que después le resulta de gran utilidad frente a frustraciones bastante más grandes.
Nada de esto implica prohibir las pantallas ni convertir cada tarde en una prueba de resistencia: una película compartida o un rato de celular tienen su lugar, y la dificultad aparece cuando se vuelven la respuesta automática a cualquier momento vacío. Distinto es el caso de un niño que parece aburrirse de todo durante mucho tiempo y no logra engancharse con nada; ahí sí conviene consultar.
La próxima vez que escuchemos “me aburro”, tal vez valga la pena no salir corriendo a solucionarlo: quedarnos cerca, tolerar juntos los primeros minutos de queja y esperar un poco a ver qué surge. Con algo de paciencia, es probable que aparezca algo que a nosotros ni se nos había pasado por la cabeza proponerles.
Jueves 01 de Octubre, 2026 172 vistas