Por lo que se sabe, nadie eligió venir a este mundo, aparentemente, cada uno llega en forma inconsulta por decisión o por accidente para ocupar una insignificante ventanita en la historia de la humanidad y cuando ya está aquí lo agarra el instinto de sobrevivir a como dé lugar y por lo que se ve, todos venimos con el mismo programa y los mismos objetivos, sobrevivir y perpetuar la especie y así como hicieron con nosotros, también se nos ocurre, traer a este mundo a nuevos seres sin preguntar.
Una vez que estamos aquí comienza una lucha denodada para encontrar nuestro lugar, comenzamos llorando con gritos estridentes y pronto nos damos cuenta que esa herramienta rinde para todo propósito, para que nos den de comer, para que nos cambien la ropa, para que nos acuesten a dormir, para que nos levanten a upa cuando estamos aburridos, para avisar cuando nos duele algo y cuando no nos duele nada, también sirve para que nos presten atención.
Pronto nos damos cuenta que la vida es finita, y a medida que pasa el tiempo, la lucha continua, aunque no quieras, los adultos a cargo ya tienen tu vida programada y por más que te resistas, tienes que ir a la escuela y comenzar con las rutinas que la cultura general marca, más los berretines de tu familia y de acuerdo a donde te haya tocado caer tendrás que luchar con lo que te gusta o lo que no, que para seguir vivo no hay más remedio que comer y pronto te darás cuenta que no es sencillo, que algo vas a tener que hacer para asegurarte ese sustento, para ti y para quien tengas a cargo.
Con el tiempo te vas dando cuenta que sobrevivir depende cada vez más de ti, que eres libre de elegir, pero de acuerdo a lo que elijas tendrás tus consecuencias, te ajustas o no a las reglas de la sociedad y aprendes que, si quieres algo, te lo tienes que procurar, si es afuera de la ley, estás en riesgo de perder tu libertad, si estás dentro de la ley, tienes que resignar tu libertad para pelear por tu sustento, hacer algo para captar legalmente algo del dinero que anda circulando, estudiar, trabajar cumplir con alguna tarea, ocupar horas de cada día de tu vida para encontrar ese hueco que te ampare.
De repente te das cuenta que el tiempo transcurre, que el pasado ya pasó, que estás cargado de responsabilidades que no puedes bajar la guardia, que tu libertad se reduce a elegir cada tanto a unos tipos que ni siquiera conoces para que armen leyes y normas con las que después tienes que cumplir.
Cuando lograste cierto grado de equilibrio, te das cuenta que todo cambia en forma acelerada y ya nada es seguro y que la incertidumbre es parte de tu rutina, que cada semana es dura y comienzas a soñar con el próximo viernes que te libere de la rutina para darte cuenta pronto que el fin de semana no dura nada y que desde la tarde del domingo hay un lunes que te amenaza, que te amedrenta.
Al final, llega el momento de tu retiro y si tienes suerte de alcanzar tu sustento, de repente ahora ya no sabes en que día de semana que estás viviendo y el tiempo parece que se acelera y cuando quieres acordar, ya es viernes de nuevo, se fue otra semana, un mes, un año y ya no lo puedes creer, si parece que fue ayer pero ya pasaron muchos viernes y los lunes ya no importan porque cualquier día es lo mismo aunque muchos están contando los días los últimos días de cada mes y cuantos están faltando para volver a cobrar la jubilación y arrancar de nuevo haciendo equilibrio.