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Sábado 19 de Septiembre, 2026 128 vistas

Preocupado, pero no alarmado

Por el Padre Martín Ponce de León

Conversaba con una persona sobre el clima. De su realidad desconcertante y de sus cambios. Como no podía ser de otra manera, hablando del clima, surgió el tema del “Niño”. La persona me dijo: “Los meteorólogos se han puesto apocalípticos” Yo le manifesté que me parecía correcto que nos anticiparan los complicados pronósticos que nos ayudan a estar preparados (Es de las primeras veces que se mira lo que se avecina para tomar precauciones, creo se están tomando) y que la situación no nos tome desprevenidos.

Es evidente que, en lo profundo de uno desea que todos los pronósticos estén equivocados y toda la prevención no deba utilizarse. Pero, también, que ello no nos haga entrar en un clima de pánico o temor.

Todos sabemos, de alguna manera las hemos sufrido, lo complejo que resulta la realidad de una creciente. Gracias a la tecnología y a CTM, las crecientes no son un algo que nos tome por sorpresa, pero ello no evita las complicaciones que cada creciente implica.

Evacuados, auto evacuados, centros de alojamiento, son realidades que se manejan como consecuencia propia de cada creciente. Viviendas que se dañan, calles que se cortan y se destrozan, suciedad que penetra y perdura, son realidades que se prolongan durante y luego de cada creciente. Pero, también, todo lo que implica a nivel de vigilancia.

Recuerdo, hace muchos años, una tarde, en una de las carpas junto a la costa del río crecido, mientras conversaba con una de las familias allí instalada, el señor, dueño de una de las casas inundadas manifestó: “Miren, allí se llevan el techo de casa” Unos jóvenes marchaban remando, en un bote, tirando sobre el agua, un techo pintado de una manera muy particular. 

Sin lugar a dudas que es un tiempo donde el río se vuelve una visita, no muy agradable,

en las entrañas de la ciudad y modificando el paisaje cotidiano y sin posibilidades de revertir la situación. Ante ello, solamente se puede prevenir, atender y esperar.

Hace unos días, una señora, en un barrio, me dijo que había escuchado que la creciente iba a llegar a los 38 metros. Yo le manifesté que el caballo de Artigas iba a poder tomar agua sin moverse del monumento de la plaza. Alarma e ignorancia.

Como cristianos no podemos mirar en otra dirección. Desde ya necesitamos ir dejando que la solidaridad crezca en nosotros. Son seres de la ciudad los que van a vivir dificultades y necesario se hace saber brindar una mano útil.

¿Debemos esperar a que golpeen a nuestra puerta en busca de algo de solidaridad o debemos estar preparados para enfrentar la situación?

¿La respuesta es competencia del estado solamente o es un algo que nos compite a todos?

¿Cómo cristianos, podemos ser indiferentes? ¿Desde esa dificultad Dios no nos está solicitando algo?

¿No es demasiado cómodo experimentar indiferencia porque no nos toca la creciente?

Surgen demasiadas preguntas y todas transitan por una misma respuesta: “Algo debemos hacer” “Nunca la indiferencia puede ser una respuesta o una actitud adecuada”

Mientras esperamos, con una cierta preocupación y sin alarmarnos o enloquecernos, podemos ir preguntándonos “¿qué podemos hacer?” y “¿Qué es lo que está a nuestro alcance?”