Por Pablo Perna
En “El Aleph” escrito por Jorge Luis Borges en 1949, “El inmortal” es el primero de los 17 brillantes cuentos que nos habla sobre la naturaleza humana ante el tiempo que es infinito. El protagonista es Marco Flaminio Rufo, que era un alto militar romano que atraviesa el desierto en busca de una ciudad legendaria que promete la vida eterna. Tras penurias llega a su destino, pero lo que encuentra no es el paraíso de mármol que imaginaba, sino una ciudad de arquitectura caótica, con baches profundos en medio de calles y palacios monumentales derruidos. La ciudad estaba abandonada, hasta que fuera de las murallas encuentra a sus fundadores, seres grises, desnudos y silenciosos, son los inmortales, llamados los “Trogloditas”.
Se han acostumbrado tanto a la eternidad que ya nada los conmueve; se han echado al abandono a ver cómo el viento los cubre de polvo, resignados a una existencia sin brillo, convencidos de que si nada cambia nunca, nada vale la pena. Rufo comprende que la inmortalidad del estancamiento es una condena, por lo que pretende dejar de ser eterno, para volver a transformarse en un ser mortal.
Durante diez años, Salto fue esa ciudad borgeana bajo la administración del Frente Amplio, se nos quiso imponer esa misma "ética de la resignación". Nos convirtieron en espectadores grises de nuestra propia decadencia, de una ciudad con sueños y brillos lentamente nos convertimos en una ciudad sin esperanzas, el contrabando, la violencia y el desempleo; cerraron los museos para olvidar nuestra historia, cerraron el Ateneo, el Palacio de la Casa de Gobierno para esconder al Gobierno en oficinas ruinosos y deplorables; apagaron las fuentes, cerraron por un día semanal las Termas, el Hotel municipal; hasta cerraron el zoológico fundamentándose en la defensa de la famosa osa Eva, que después de su mudanza ya a nadie le importo.
Hasta estéticamente procuraron transformarnos en un pueblo decadente, adornando toda el pueblo con macetas espantosas, la que no tuvieron peor idea que pintarlas de azul o amarillo llamativos; y como les sobro pintura, también aprovecharon la volada para pintar del mismo color los parrilleros de la costanera. Como no tenían obras relevantes para inaugurar, hicieron un puentecito de madera de paso peatonal, y con toda la pompa llevaron a la banda municipal para inaugurarla; hoy ya no existe el puente y luego de la inauguración hasta la banda municipal desmantelaron.
Tuvieron que pasar 15 largos años para que la Vuelta Ciclista del Uruguay volviera a meterse en nuestra ciudad. Ese pedalear que en Turismo inundo nuestras calles, al igual que el record de turistas que llegaron, con fuentes vibrantes, el verde prolijo, iluminada, plazas, puerto, Termas, Hoteles, espectáculos públicos exitosos, fue apenas el pulso de un gigante que pretende despertar. El Parque Agroindustrial era un monumento al abandono, donde el gobierno prefería la pelea estéril con los productores antes que el desarrollo, hoy más de 60 de ellos se alistan para decir presente en su pronta inauguración. La apertura del nuevo Hotel en Termas del Arapey, la llegada de El Dorado y el nuevo polo comercial chino, son solo muestras de un Salto que quiere volver a soñar.
Es curioso, pero previsible, observar la reacción de ciertos sectores zurdos instalados en el resentimiento, critican con calculadora en mano los costos económicos de traer la Vuelta Ciclista o de los eventos realizados; a esos críticos les molesta el brillo de un Gobierno de la Colación que recién empieza, porque pone en evidencia la oscuridad en la que nos sumergieron. Pero al fin del día no se dan cuenta, o no quieren ver, que lo que está sucediendo en Salto es un despertar de la moral; al igual que Rufo que tras ver la decadencia que habían caído “los inmortales”, pretende volver a la vida finita, pero con sueños y ambiciones, lo mismo pretendemos hoy para nuestro pueblo; ¡Bienvenidos al Salto que sueña con un próspero futuro!
Viernes 10 de Abril, 2026 124 vistas