Por Pablo Vela
La política departamental vive, una vez más, un capítulo que desnuda las carencias de una fuerza que parece haber olvidado cual es su rol institucional. La negativa del Frente Amplio de Salto a votar el crédito solicitado por la administración de Carlos Albisu no solo exhibe una postura de bloqueo sistemático, sino que también confirma una tendencia preocupante: el egoísmo político colocado por encima del interés ciudadano.
Porque conviene recordarlo: ser oposición no significa jugar al “cuanto peor, mejor”. Ser oposición no es cerrar los ojos ante las necesidades del departamento para intentar cosechar réditos propios más adelante. Ser oposición implica responsabilidad, madurez y la capacidad de distinguir entre lo que afecta una administración y lo que afecta a la gente. Y en este caso, el Frente Amplio de Salto eligió pararse en la esquina más cómoda: la del “no” automático.
Esta actitud no sorprende, pero sí decepciona. El FA local parece haberse convertido en un ecosistema donde la mezquindad política es más fuerte que la vocación de servicio. La negativa al crédito no se sustenta en argumentos técnicos sólidos; se sustenta en el simple rechazo a permitir que la Intendencia avance. Se confunde control con obstrucción, oposición con capricho y estrategia electoral con responsabilidad pública.
La consecuencia es clara: un departamento frenado por la falta de madurez de quienes deberían aportar equilibrio y debate serio. Una dirigencia que se dice defensora de lo público, pero que antepone sus propios cálculos partidarios a cualquier posibilidad de desarrollo. Un FA que, en lugar de demostrar que puede gobernar mejor, se dedica únicamente a impedir que otros gobiernen.
Lo verdaderamente paradójico es que el Frente Amplio se presenta como alternativa, como fuerza renovadora, como la voz de lo social. Sin embargo, cada vez que tiene la oportunidad de ser parte de una solución concreta para Salto, opta por convertirse en el principal obstáculo. No discute, no propone, no mejora: simplemente bloquea. Y olvida el pasado reciente: administración FA con déficit financiero récord, omisión de pago de cuotas por un crédito y eso sin obras, descuidando la ciudad y en el interior.
El crédito para Albisu (con sus debates necesarios y su análisis técnico correspondiente, como cualquier política pública) es una oportunidad para construir, para aportar una visión responsable, para mostrar que la oposición también puede estar a la altura de los desafíos. Pero el FA eligió el camino contrario: ser oposición sin ser opositor; estar en el sistema sin jugar el juego democrático con la seriedad que exige.
Salto no necesita más gritos ni más barricadas partidarias. Necesita dirigentes capaces de mirar más allá de sus propios intereses, de comprender que gobernar y oponerse no son actos de supervivencia electoral sino ejercicios de compromiso colectivo, no le hace bien a Salto que sigan los que gritan según de qué lado del mostrador estén. Y mientras el Frente Amplio persista en esta línea de inmadurez política, su papel en el departamento seguirá siendo el mismo: el de una fuerza que renuncia a influir, que renuncia a construir y, finalmente, que renuncia a la ciudadanía.
Porque no hay crédito que pueda salvar a un sistema político cuando la verdadera deuda es la falta de responsabilidad y capacidad para discutir las cosas.
Miércoles 03 de Diciembre, 2025 99 vistas