Por el Padre Martín Ponce De León
No puedo evitar extrañar lo cotidiano. "Mis" horarios, "mis" rutinas, "el callejear", "mi" pieza, "mi" gente. Son unos pocos días, pero, los extraño y siento me falta algo.
Todos los años tenemos la oportunidad (los salesianos) de retirarnos a realizar un ejercicio de encuentro con uno mismo y con Cristo. Nos retiramos a algún lugar donde nos aislamos de lo cotidiano para poder llevar adelante una experiencia renovadora y reconfortante.
Lo primero, y más importante, es poder distanciarnos de todo eso que hace a nuestra vida cotidiana. Ello, sin duda, es una realidad en la que, a medida nos vamos cargando de años, va resultando más difícil. No es fácil alejarse de lo cotidiano.
Resulta que allí encontramos seguridades, desafíos, tareas, compromisos y realidades que fortalecen nuestra necesidad interior de ser útiles. Resulta muy difícil poder despojarnos de lo cotidiano puesto que ello es lo que da razón a nuestro compromiso vital.
Por más que lleguemos mentalizados de poner distancia con lo cotidiano, ello es nuestra razón de vida. Van pasando los días y es imposible no experimentar la presencia de esa persona que me pregunta: "¿Ya hizo artículo?". Su voz, su mirada y su sonrisa, permaneces en nosotros urgiéndonos a redactar un artículo, que es parte de nuestra obligación, libremente aceptada, pero obligación al fin.
El lugar donde nos encontramos es, algo así, como una isla en medio de la ciudad. Todo invita al aislamiento, por más que, en nuestro interior, aparezcan a cada instante, los rostros, los lugares, las tareas y las responsabilidades de lo cotidiano.
Es que ello es, hoy en día, parte constitutiva de nuestro ser y la realidad a la que habremos de retornar. No pasa a ser un recuerdo puesto que habremos de retornar e insertarnos en ello. Nuestra vida está allí. Nuestra responsabilidad es no ponernos distante de ello.
Intentamos hacernos a la idea de que, todo lo cotidiano, no es otra cosa que una realidad a la que debo mirar con distancia para mirarla sin prisas y sin pretextos. Debo mirarla con la mayor objetividad posible para intentar ser coherente con todo lo que ello me reclama. No es mirarla para recordar sino para volver a integrarnos de mejor manera.
Es recordar a "los pide pan" y cuestionarme la forma de mirarlos, de relacionarme con ellos, de intentar ser más útil en Cristo con la certeza de que volveré a encontrarme con ellos. Intento cerrar la puerta de la pieza que me han asignado y, con asombro descubro que no quedan afuera, sino que me están esperando dentro de la misma.
Salgo a caminar por el parque, que este lugar posee, y me encuentro con que ellosestán en algún banco, en los pies de algunos árboles o en todos los lugares. Salgo a "callejear" y no puedo evitar mirar los rostros de esos "pide pan" que aquí se encuentran, intentando encontrar el rostro de alguno de esos con los que trato y converso
Sin duda que he traído, conmigo, lo cotidiano y ello no es un lugar sino una realidad viva con la que me identifico. Lo cotidiano es parte de mi ser y a ella, hoy, la siento lejos y la extraño.
Voy mirando los días que restan para poder regresar al encuentro con "mi" cotidiano y, de verdad, espero, poder aprender y agradecer por ello. Aprender para poder responder mejor, porque aprendiendo, de lo que cotidianamente me pide.
Poder volver a lo cotidiano para que mi ser cura pueda saberse útil haciendo algo por alguien y, así, por Cristo.
Lunes 28 de Septiembre, 2026 175 vistas