Por Armando Guglielmone
En mi niñez recuerdo haber visto en el cine una película que su nombre sería la definición ideal para estos tiempos: El mundo está loco, loco, loco. Es que las personas están haciendo cosas que increíblemente se toman como una gracia o algo así, cuando hace no mucho tiempo se recomendaría tratamiento psiquiátrico. Ahora hay un grupo de personas “muy ocupadas” que se les ha ocurrido sentirse como determinados animales y caracterizarse como ellos, pongámosle. Y yo pensaba, ¿no sería mejor si en vez de disfrazarse de por ejemplo perros o gatos y juntarse a hacer de estos, dedicarse a cuidar de perros o gatos, reales?
Hay muchos animales, reales, que precisan de alguien que haga algo por ellos. Y no es que tengan que salir a adoptar, seguramente muchos de estos personajes tengan en su casa una mascota, que bien podrían dedicarle tiempo no solo porque esta lo necesite, si no porque ellos lo necesitan. Tal vez no lo saben, pero si se relacionaran de una manera más emocional con estas aprenderían muchas cosas, como el significado del amor brindado en silencio o la lealtad manifestada sin palabras que lo digan. Pero no hay que ser iluso, soy de los convencidos que nada mejora, todo empeora, basta mirar hacia atrás para compararnos como éramos y ver como estamos.
Los perros cada vez son menos populares, la gente ha optado por no querer asumir la carga de responsabilidad que conlleva un ser vivo. Y aunque las estadísticas pueden mostrar una cosa la realidad es diferente, pese a que se dice que hay un perro cada tres personas en nuestro país, la mayoría de estos son frutos de la desidia general. La inmensa mayoría de perros que hay en nuestro país son perros sin dueño, o con dueño que no le importa que le pase a este. En todos los barrios se ven, en algunos más y en otros menos, pero ahí están. Se crean instituciones que cada tantos años se les cambia el nombre, como que si cada vez que ocurriera esto se solucionara esta vez sí, el problema. Pero no pasa, y las personas que eligen tener perro, sea adoptado, comprado o regalado son cada vez menos.
La falta de interés en asumir el compromiso de cuidar de alguien más que no sea uno mismo es cada vez más frecuente. Esas estadísticas de que los uruguayos tenemos demasiados perros no son ciertas, la cantidad de perros existe, pero no condice con el número de dueños, por lo menos responsables de estos. Es como cuando ondean la bandera de que tenemos el sueldo mínimo más alto de Latinoamérica, pero no dicen que somos el país más caro de esta. Mientras tanto, los que seguimos sintiéndonos mal al ver el maltrato o la ausencia de trato a los animales, tendremos que seguir aguantando y resignarnos, ya que no hay quien lo pueda solucionar.
Lunes 16 de Febrero, 2026 85 vistas