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Mirando el río

Desde la ventana de mi pieza puedo observar un trozo de un arroyo que cruza por la zona sur de la ciudad.

En tiempos normales mi visión es la de un puente por el que cruza un hilo de agua que no puedo llegar a divisar.

Cuando el río repunta en su caudal, las aguas ganan el arroyo y se vuelve un espacio que diviso con notoriedad desde mi ventana.

En estos días, donde la creciente iba ganando notoriedad, era lo primero que miraba, allí podía saber que las aguas iban adentrándose en la ciudad y acercándose al puente.

No podía tener una noción cierta del nivel del agua, pero podía saber si se encontraba estancada o había subido o descendido.

Con claridad podía notar como el agua iba subiendo hasta llegar a estar muy cerca de subir y cortar el paso de los vehículos por ese lugar de la ciudad.

Pero, un día, al mirar pude ver que una gruesa línea oscura se interponía entre el puente y el agua. Había comenzado a descender.

Tal cosa era una buena noticia que mis ojos me hacían saber. Me alegraba, interiormente, de que muchas previsiones no habían sido necesarias. Ya había algunos evacuados, pero, por el momento, no habría más. Esa mañana me encuentro con una persona que me detiene para realizarme una pregunta: "¿Usted no sabe dónde queda el "CECODED" porque el agua está por llegar a mi casa y debo anotarme allí?

Lo primero que pude decirle es que, por ahora no fuese ya que el río había bajado y, luego, pasé a indicarle donde quedaba tal lugar. Al decirle el lugar manifestó su asombro por lo distante que quedaba y le manifesté que, si era necesario pues el río volvía a subir yo lo podía arrimar hasta allí. Quedamos en eso y continuamos nuestros caminos.

En más de una oportunidad pronunció el nombre de esa dependencia estatal y, siempre, la pronunció de esa manera que me resultaba graciosa.

Poco rato después me encuentro con una señora que vive la angustia de haber sido desalojada en más de una oportunidad. Ella sabe lo que es esta evacuada. Lo primero que me dice es que el río ha comenzado a bajar. Con el sólo afán de pelearla le digo: "Acuérdese que cuando baja rápido vuelve a subir más rápido". "Eso dicen, pero, ahora, está bajando" me dijo sin poder ocultar su alegría ante el comportamiento del agua. No hacía mucho que habíamos estado conversando sobre el tiempo que le lleva, a las paredes de una casa, secarse y desprenderse del olor que el agua deja en ellas.

Fueron unos días donde en río atrajo nuestras miradas. Para algunos podrá ser una simple curiosidad. Para otros puede, con toda razón, ser motivo de preocupación y, no han de faltar aquellos que lo observan con cierto temor.

Que el agua entre a los hogares ya no es un algo que toma por sorpresa. Hoy, tecnología mediante, existen anuncios, previsiones y anticipaciones. Día a día se va informando sobre la altura de las aguas y ello hace que se puedan tomar decisiones anticipadas. Las mismas pueden utilizarse o, como en este caso, dejarlas sin efecto momentáneo.

Sin duda que el río es parte de nuestro paisaje cotidiano, pero hay veces en que atrae nuestra atención porque se vuelve una realidad preocupante.

Ojalá podamos verlo siempre y nunca olvidarnos de aquellos que, por diversas razones, viven en la cercanía del mismo y son esas víctimas a las que denominamos: "evacuados"