Dr. Fulvio Gutiérrez
La frase del título, fue dicha por el economista estadounidense, ganador del Premio Nobel de Economía, Milton Friedman, y se transformó en una síntesis de los principios más simples y poderosos de la economía política. Es decir; todo beneficio y toda elección tiene su costo, aunque muchas veces no lo veamos de inmediato, o no lo notemos. Si lo llevamos al plano de lo político, podemos afirmar que todo programa gubernamental al que se califica de “gratuito”, en realidad no lo es. Implica un costo, y ese costo (que siempre lo pagan las personas) proviene de dineros que se desvían de otras áreas o se cubren a través de impuestos adicionales. Eso se da, sobre todo en los populismos, que pretenden conseguir votos creando lo que denominan políticas sociales, que son beneficios gratuitos para los beneficiarios, pero en realidad, otros, que son de la misma comunidad, pero no son los beneficiarios, son los que van a cubrir esos costos. Este concepto se ha transformado en un axioma para los economistas. Es decir: nada se obtiene a cambio de nada.
Estas reflexiones vienen cuenta del viaje que una delegación del gobierno uruguayo, encabezada por el Presidente Yamandú Orsi, realizó a la República Popular China la pasada semana. La información genérica que tengo, es que se firmaron una treintena de acuerdos, sobre temas diversos, cuya naturaleza y contenido, aún no se han informado en detalle. Por tanto, por el momento no se puede opinar sobre lo acordado y la repercusión que puedan tener para el futuro de nuestro país. Sin embargo, sí quiero hacer un comentario sobre la declaración que los presidentes de ambos países firmaron, estableciéndose un compromiso para Uruguay, que afecta a otro país: Taiwán. Y ese acuerdo es el precio que se tuvo que pagar, a cambio de los referidos acuerdos.
No es la primera vez que el gobierno uruguayo se pronuncia sobre el conflicto entre China y Taiwán. Tanto en noviembre de 2023, durante la visita del presidente Luis Lacalle Pou, como en octubre de 2016, cuando Tabaré Vázquez se reunió con Xi Jinping en Pekín, ambas naciones emitieron un comunicado conjunto donde Uruguay reconocía que “Taiwán forma parte inalienable del territorio chino”, frase que aparece nuevamente en el documento firmado ahora en China, donde en su Item. 6, dice así: “En el marco de una larga amistad y el respeto mutuo a los principios de la soberanía nacional y la integridad territorial, así como la comprensión y el apoyo recíprocos a los intereses fundamentales y preocupaciones trascendentales de la otra Parte, la Parte uruguaya reafirma su adhesión al principio de una sola China, reconoce que el gobierno de la República Popular China es el único gobierno legítimo que representa a toda China, y que Taiwán forma parte inalienable del territorio Chino, que cualquier forma de independencia de Taiwán es contraria a dicho principio y por lo tanto se opone y respalda los esfuerzos del gobierno chino para materializar la unificación regional nacional.. Asimismo, la Parte uruguaya reafirma su apoyo a la posición justa de China sobe los asuntos relacionados con sus intereses medulares, como el de Hong Kong, y los esfuerzos de China para salvar la soberanía nacional”.
Conforme a lo acordado, China no invitó a Uruguay a un almuerzo gratis. No le dijo vengan, negocien, acuerden, total es gratis. Todo estaba condicionado a un objetivo indiscutible e ineludible: adherirse a las aspiraciones imperialistas de China, en cuanto a apoderarse de Taiwán y Hong Kong. O “eso”, o nada. Y Uruguay optó por “eso”. Es decir, China buscó su conveniencia comercial. Al gobierno de Taiwán no le cayó bien la actitud de Uruguay y lo dijo claramente: calificó de “errónea” e “irresponsable” dicha decisión. Debo suponer que la Cancillería uruguaya conoce la famosa frase de Milton Friedman, y lo que ella significa. Sin perjuicio de ello, supongo también que la Cancillería uruguaya sabe que Paraguay, su socio del Mercosur, no tiene relaciones diplomáticas con China, y sí con Taiwán. Y eso puede “traer cola”. En fin, una decisión a mi juicio errónea. Máxime si se tiene en cuenta, de acuerdo con lo trascendido sobre los convenios firmados, que en los que se plasman muchas expresiones de deseo pero ningún avance concreto que beneficie a Uruguay.
Entonces, me pregunto: ¿valió la pena?
Domingo 15 de Febrero, 2026 117 vistas