Por el Dr. César Suárez
La vida es una suerte de novela real con muchos personajes donde los papeles los asignan las circunstancias, aunque en ocasiones cada uno puede elegir el personaje a interpretar, pero no el destino. La sociedad va dejando nichos que van siendo ocupados de acuerdo a la conveniencia, la necesidad o el capricho de otros que intentan manipular la vida ajena y como resultado de toda esta movida surgen historias que quedan plasmadas en la mente colectiva y que suelen transformarse en relatos que se intercambian y se reproducen en versiones que representan con fidelidad variable lo realmente sucedido.
Cada acontecimiento siempre deja una versión que la vive cada uno o que se comparte con alguien o con muchos con el mismo relato repetido fielmente, tal como fue, o modificado de acuerdo a la circunstancia o conveniencia de cada “actor”. Esas historias sin autor y sin libreto le dan sentido a la aventura incierta de la vida personal y colectiva y van escribiendo la historia con acontecimientos aleatorios que luego quedan en el relato o la memoria pero que sirven para socializar y para ir transitando por la vida en la medida que va dejando una huella que permanece o se diluye en la memoria de los testigos o que queda asentada en innumerables herramientas que ha inventado el hombre para dejar registros.
Esa novela real en la que estamos inmersos va generando un libreto que despierta un interés variable en cualquiera, al punto que el relato de cada cosa sucedida en ocasiones adquiere una trascendencia, donde cada historia destacada se replica y se vende como pan caliente en los medios de comunicación con relatos minuciosos.
Sin perjuicio del caprichoso transitar del destino, el ser humano puede planificar su itinerario, generar proyectos en forma individual o colectiva tratando de transitar por caminos preestablecidos, pero como no vivimos solos y somos parte de un conjunto, los acontecimiento no necesariamente van por el camino que planificamos y la historia por venir de cada uno raramente se ajusta a la versión original imaginada, sobre todo porque al escenario cotidiano, ingresan “actores” y acontecimientos que no estaban en el libreto que habíamos planificado lo que lleva al final de cada jornada a “rescribir”ese libreto que había sido planificado a primera hora de la mañana.
Por más que se planifique, uno nunca sabe cómo terminará mi jornada de hoy, como será mi semana mi mes o mi fin de año no obstante es obvio que cada uno quiere lo mejor para si y para sus seres queridos y suele armarse un esquema de vida y de acuerdo a la precisión o negligencia que maneje los parámetros de la realidad tendrá más o menos chance de que le vaya más o menos bien o parecido a lo deseado.
La realidad muestra que hay personas que les va bien en la vida, pero ese resultado, en general, es consecuencia de una minuciosa planificación haciendo una “lectura” acertada de la realidad y un esfuerzo acorde a las necesidades y una adecuada adaptación a los imprevistos.
En el otro extremo, están los que planifican “cuanto cuanto” o no lo hacen, omitiendo detalles trascendentes de la realidad, estos son a los que estadísticamente les va peor, los que fracasan por indisciplinados, y al observar el éxito ajeno, y se preguntan, ¿cómo no se me ocurrió? Y tratan de copiar el modelo de exitoso, pero no logran percibir todo el esfuerzo y planificación que hay detrás de ese éxito e intentar hacer lo mismo, pero “campo traviesa” y después no se explican de su fracaso.
Todo resultado depende del destino, de las circunstancias, de la suerte, pero, sobre todo, de la planificación, de la lectura de la realidad del esfuerzo, la perseverancia, de la paciencia, no sólo basta con la idea por más brillante que sea, después esa novela en la que estamos inmersos tomará el camino que las circunstancias marquen, pero tratemos de no agarrar para el lado del pantano.
Domingo 26 de Abril, 2026 69 vistas