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Miércoles 06 de Mayo, 2026 62 vistas

Otra vez una decisión centralista y de escritorio

Por Carlos Silva
Vivir en la frontera nunca fue sencillo. Para Salto, la cercanía con Concordia no solo marcó nuestra identidad, sino también nuestra dinámica económica y comercial. Sin embargo, cuando no existen políticas adecuadas, esa misma cercanía se convierte rápidamente en una desventaja.
En los últimos días, volvimos a comprobarlo con claridad. El aumento del precio de los combustibles en Uruguay impactó en todo el país, pero en Salto tuvo un efecto mucho más profundo. No solo por la suba general, sino por la reducción del descuento del IMESI en la frontera, que pasó del 24% al 15%. En términos reales, esto implicó que mientras en el resto del país el incremento rondó el 7%, en nuestra ciudad se sintió cercano al 16%.
Esto no es un tecnicismo ni una discusión económica lejana. Es una realidad concreta que golpea directamente a la gente. Es perder competitividad de un día para el otro. Es volver a colocar a Salto en una situación de desventaja frente a Concordia.
Las consecuencias son inmediatas. Las filas de vehículos cruzando el puente vuelven a ser parte del paisaje. Pero no se trata solo de cargar combustible. Quien cruza, compra. Va al supermercado, consume servicios, adquiere productos, incluso se queda a comer. Cada cruce representa dinero que se va.
Y ahí está el verdadero problema. No es una conducta reprochable del ciudadano. Es el resultado de una política que no contempló la realidad de la frontera.
Porque no se puede gobernar un país como si fuera uniforme. No se puede tomar decisiones desde una lógica centralista sin medir el impacto que tienen en territorios con características totalmente distintas. La frontera requiere sensibilidad, conocimiento y políticas diferenciadas. Y en este caso, eso no ocurrió.
Reducir el descuento del IMESI en este contexto no fue una decisión neutra. Fue una decisión que perjudica directamente a Salto. Y por lo tanto, es una decisión que debe ser revisada.
El Gobierno Nacional del Frente Amplio tiene la responsabilidad de hacerse cargo. No alcanza con reconocer la situación o con esperar que el mercado se acomode solo. Se necesita corregir. Se necesita actuar. Se necesita entender que cuando la frontera pierde competitividad, no pierde un sector: pierde toda una ciudad.
Salto ha demostrado a lo largo de su historia una enorme capacidad de resistencia. Hemos pasado momentos difíciles y siempre encontramos la forma de salir adelante. Con esfuerzo, con compromiso, con ese orgullo silencioso pero firme de ser salteños.
Hoy ese orgullo también tiene que expresarse. En defender lo nuestro. En acompañar al comercio local. En entender que cada decisión de consumo también construye o debilita nuestra propia comunidad.
La frontera no puede ser una condena permanente. No puede depender exclusivamente de decisiones tomadas lejos de nuestra realidad. Tiene que volver a ser una oportunidad.
Salto no puede resignarse a perder. Salto no puede acostumbrarse a quedar en desventaja. Porque cuando una ciudad pierde competitividad, no pierde números: pierde futuro.
Y los salteños sabemos, mejor que nadie, que el futuro se defiende. No se entrega.