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Sábado 12 de Septiembre, 2026 180 vistas

Padre “Paco”

Por el Padre Martín Ponce De León
Su nombre y apellido (Justo Sanfrancisco) habían pasado a ser, casi secundarios. Él era, simplemente, el P. Paco. Español de nacimiento, pero uruguayo por adopción. Sus muchísimos años en nuestro país lo hicieron uno más, por más que todo lo que decía de España le seguía interesando e importando. Llegó, siendo muy joven y aquí se quedó definitivamente.
Desarrolló su actividad sacerdotal por varias presencias salesianas en distintos lugares de nuestro país. Montevideo, Paysandú, Mercedes, Melo y Salto. En este último lugar estuvo en diversas etapas que, sumadas, dicen de muchos años.
Pese a que su responsabilidad fue el acompañamiento de la actividad pastoral del Colegio y Liceo salesiano de Salto, supo acompañar, sacerdotalmente, a diversas comunidades dentro del territorio parroquial de la ciudad.
Sin lugar a dudas, en cada lugar donde debió acompañar, supo dejar su impronta muy particular.
Porque era exigente con los demás sabía ser exigente consigo mismo. Gustaba hacer las cosas bien hechas y, por ello, ponía en lo que le correspondía, el mejor de sus empeños. Muchas veces no quedaba conforme con lo hecho, puesto que no se limitaba a que algo se realizase bien, sino que deseaba saliese perfecto y ello era muy difícil de lograr.
Últimamente sus limites propios, por edad y salud, se hacían presencia en su vida, pero ello no le impedía seguir brindándose sacerdotalmente. Con temor a equivocarme por ser muy pobre mi apreciación, diría que su gran apostolado era el de estar.
Estar entre los alumnos del salesiano, estar entre los docentes y estar en las diversas comunidades donde acompañaba y celebraba los sacramentos.
Recuerdo, en una reunión de comunidad donde se planteaba el horario de las oraciones de la mañana, él sostenía una determinada hora puesto que debía estar en la puerta para recibir a los alumnos. “Si me sacan eso, a mí me matan”. Debía estar recibiendo y saludando a quienes llegaban y ponía su empeño en ello.
Con meticulosidad iba conversando con los diversos alumnos para escucharlos, conocerlos y estar cerca de ellos. Era parte de su actividad y la realizaba con inmenso cariño y dedicación.
Gustaba de todos esos pequeños detalles que hacen y ayudan al crecimiento de la vida comunitaria y de fraternidad. Disfrutaba de los cafés que compartía, los domingos luego del almuerzo con los jóvenes del “pensionado”. Era muy difícil que no hiciese pororó para matizar la mirada de algún partido de fútbol con algún acompañante. Solía decir que, a él, más que el partido, le gustaba mirar lo que sucedía en las tribunas o en el contexto del estadio. Pero, igual, era un compañero presente en la observación de algún partido.
Por sobre todas las cosas gustaba de las oraciones compartidas y de las eucaristías bien preparadas. No solamente preparadas sino, muy bien preparadas. Desde la limpieza y brillo de lo que se habría de utilizar, sino también, de todo lo que habría de leer.
Paco no era una persona de trato frecuente sencillo, puesto que solía ser muy duro en lo que opinaba sobre algunas situaciones. Era una persona muy cálida en su trato personal, por ello es que disfrutaba del estar disponible para el sacramento de la reconciliación en los horarios de misa en los que podía estar a la orden.
Disfrutaba mirando documentales sobre los accidentes de los aviones (“Es lo único que se puede mirar”) y escuchando (a mucho volumen) música clásica, sacra o gregoriana.
Que Dios te conceda el descanso eterno y GRACIAS por tu testimonio misionero, fraterno y sacerdotal.