Por el Padre Martín Ponce De León
Sin lugar a dudas, uno de los conflictos que nos plantea Jesús, es con el poder. Su concepto de poder y el de la sociedad de su tiempo no van de la mano. Para la sociedad de aquel tiempo el poder era sinónimo de autoridad. Para Jesús el poder es sinónimo de servicio.
Para la sociedad de su tiempo, el poder era una oportunidad para imponer. Para Jesús es una oportunidad de servir a la construcción de una realidad más fraterna y digna.
Para Jesús, las relaciones humanas, son una necesidad ineludible ya que resulta imposible vivir al margen de las mismas. Cuando Jesús se refiere al poder, sin duda, que presenta una realidad muy difícil de vivir ya que lo carga de respeto, disponibilidad y construcción del bien común.
Para Jesús, las relaciones humanas son un instrumento, al alcance de todos, para la construcción de lo que Él llama "el Reino del Padre". Un "Reino" donde, cada uno de nosotros, nos podemos saber personas, y, por lo tanto, seres dignos.
Para que ello sea posible necesitamos sabernos escuchados y respetados en nuestra originalidad y libertad. Cada uno de nosotros somos únicos y debemos sabernos ayudados a vivir conforme el bien común y nuestra originalidad.
En nuestras relaciones con los demás el saber escuchar es todo un ejercicio importante y necesario que debemos saber cultivar. A medida vamos escuchando aprendemos que, siempre, debemos cultivar tal cosa, un algo más. Escuchar debidamente, no es sólo el captar lo que se nos dice, es, también, recordar lo que nos ha sido dicho. Ello es un primer paso en nuestro escuchar. El segundo paso es prestar atención a lo que se nos ha dicho desde palabras calladas. En oportunidades se nos dice mucho sin que se nos pronuncien palabras y debemos saber aprender a escuchar esos silencios. En tercer lugar, de nuestro aprender a escuchar, es saber reconocer los acentos que se añaden a las palabras pronunciadas.
Por ello es que saber escuchar es todo un arte que necesitamos intentar cultivar, por más que sepamos que, siempre, vamos a estar en camino de aprendizaje. Sin intentar escuchar nuestras relaciones se vuelven lejanas a lo que Jesús propone. Escuchando pongo al otro en un plano de igualdad y le doy la importancia que se merece.
No debemos relacionarnos para hacer saber lo que me importa o interesa. No debemos relacionamos para hacerle saber al otro lo que debe hacer. No nos relacionamos para gritar órdenes o disposiciones, nos relacionamos para permitir que el otro se pueda saber alguien en mi vida, por ello es que el escuchar debe ocupar un lugar preponderante en nuestras relaciones.
En oportunidades nuestro relacionarnos puede limitarse a escuchar. En otras oportunidades debemos escuchar y opinar para ayudar a discernir y, en otras ocasiones, debemos involucrarnos asumiendo una tarea a modo de respuesta.
Nuestras relaciones con los demás no pueden llevarnos a ocupar el lugar de víctimas de las mismas. Ello, no solamente no es saludable para nosotros, sino que, también, no nos permite ser útiles, aunque sea una postura muy cómoda de asumir.
Jesús, con su vida, nos muestra que, el relacionarse correctamente, es una fuente de maduración personal y de colaboración en la construcción de un mundo más fraterno. A Jesús supieron solicitarle y exigirle, pero nunca se manifestó como víctima de los demás. Fue servidor hasta el extremo. Fue disponible en su máxima expresión.
Nuestras relaciones no pueden ser un peso con el que convivir, sino un escalón para crecer en comunión e identidad con Jesús.
Intentemos aprovechar esa oportunidad que la vida nos depara y sonriamos con amor.
Lunes 20 de Julio, 2026 53 vistas