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Domingo 12 de Julio, 2026 13 vistas

Rompan todo

Por el Dr. César Suárez
Cada día dedico un buen tiempo a informarme de noticias de acontecimientos que suceden en mi ciudad, en mi país y en el mundo entero, por supuesto existen incontables acontecimientos que nunca nos enteraremos, pero siempre resaltan noticias que suelen salirse de los sucesos comunes.
Esas noticias nos hacen saber acerca del increíble desarrollo de la ciencia y la tecnología y la creación de obras trascendentes, largamente planificadas y que una vez iniciadas suelen necesitar de enormes esfuerzos económicos y la participación mancomunada de miles, de decenas de miles, cientos de miles o millones de personas para que se concreten a través de años de trabajo
Fábricas descomunales, represas monumentales, edificios gigantes, desalinizadoras de agua de mar, trenes de altísima velocidad, túneles kilométricos por debajo de montañas intransitables, o por debajo de ríos o del mar, cables submarinos de miles de kilómetros, refinerías de petróleo descomunales, ciudades enteras, autopistas de 8 carriles atravesando las grandes urbes, estadios  memorables, Aeropuertos increíbles, aviones que cuesta entender como vuelan, sofisticadas naves destinadas a explorar el universo, desarrollo informático para la Inteligencia Artificial, mecanismos inteligentes de comunicación instantánea con cualquier parte del planeta, satélites que orientan al tránsito a través de aplicaciones a la mano de cualquiera, teléfonos inteligentes que pueden contestar cualquier pregunta, todo ese cúmulo de logros vinculados a la inteligencia humana, la creatividad, y la voluntad de llevarlo adelante y concretarlo y que sin duda hacen más cómoda y cara la vida de cualquier ciudadano.
Todo ese desarrollo generado en no tanto tiempo que aceleró los nuevos recursos técnicos cambiando todo lo previsible en pocas décadas y que seguirá acelerándose en el futuro creando un mundo inimaginable, tiene su contrapartida fatal, esos mismos recursos tecnológicos, lamentablemente se usan para fabricar sofisticadas máquinas de destrucción masiva con costos exorbitantes que superan largamente los recursos de cualquier otro estado y que son capaces de destruir en pocos segundos estructuras que costó décadas construir.
La carrera armamentista es cosa de locos que se hicieron de comando de las armas de destrucción masiva y otros locos que le llevan el apunte para generar la tecnología de la destrucción.
Esas armas inteligentes dedicadas a romper a los enemigos y todo lo que lo que lo rodea, aunque no tengan nada que ver, consumen y destruyen recursos que se les niega a los que tiene hambre en el mundo entero.
Un solo disparo de misiles cuenta millones de dólares y multiplica por decenas o cientos de veces lo que termina destruyendo.
Lo más triste es que cada gobierno con capacidad de fabricar armas de destrucción masiva, las muestran al mundo con orgullo y festejan cuando logran romper al enemigo olvidándose que ahí abajo hay seres humanos que son iguales a cualquiera de nosotros, son personas, son familias, niños, jóvenes, adultos o ancianos que sufren las consecuencias de esa locura.
El riesgo es que la tecnología se siga desarrollando y se sigan creando armas cada vez más potentes y destructivas, hasta que llegue el momento que todo ese “progreso” termine por acabar con todo, destruyendo para siempre en único planeta vivo que conocemos.