Por Pablo Vela
Una de las principales promesas con las que se presentó la llamada “coalición republicana” ante la ciudadanía fue la de gobernar con un rumbo compartido y coherente. En Salto, sin embargo, esa promesa parece haberse diluido rápidamente. Hoy tenemos un gobierno departamental donde la coalición existe más en el discurso que en los hechos, donde uno de los programas que legitimó electoralmente la gestión (programa de Malaquina) fue dejado de lado, especialmente en dos áreas estratégicas para el desarrollo local: el Trabajo y el Turismo.
Una verdadera coalición no se limita a repartir cargos ni a sostener mayorías circunstanciales. Implica acuerdos programáticos, prioridades comunes y una visión compartida de departamento. Nada de eso se percibe con claridad en la conducción actual de Salto. Por el contrario, cada vez resulta más evidente que se gobierna con decisiones fragmentadas y sin una hoja de ruta que responda a los compromisos asumidos ante la gente.
El programa de gobierno de Malaquina fue claro en señalar que el empleo debía ser una prioridad transversal. En un departamento golpeado históricamente por el desempleo y la informalidad, se hablaba de articular con el sector privado, potenciar la capacitación laboral y utilizar las herramientas departamentales para dinamizar la economía local. Hoy, esa agenda brilla por su ausencia. No hay políticas innovadoras ni planes sostenidos que apunten a generar trabajo genuino. Lo que hay es una preocupante falta de coordinación entre áreas clave.
Algo similar ocurre con el Turismo, una de las grandes oportunidades de Salto. El programa proponía fortalecer el perfil turístico del departamento, integrar las termas, el río, la cultura y los eventos como parte de una estrategia integral. Sin embargo, la realidad muestra un sector desarticulado, sin planificación a mediano plazo y con escasa promoción. El turismo, en lugar de ser un motor de desarrollo y empleo, parece reducido a una oficina administrativa sin peso político ni presupuesto acorde a su importancia.
Desde el programa de Malaquina salió y se anunció la creación de un Parque Industrial y Tecnológico, presentado en Casa de Gobierno como una iniciativa clave para el desarrollo económico de Salto. Sin embargo, una vez más, la falta de una verdadera coalición y de un compromiso real con el programa de gobierno se traduce en un proyecto desarticulado. El parque, que se presenta como un motor para atraer inversiones y fomentar la innovación tecnológica, parece estar aún en una fase incipiente, más de concepto que de realidad tangible.
El problema no está en la idea, que sin dudas es necesaria, sino en la ejecución. Para que un parque industrial y tecnológico sea realmente transformador, se necesita no solo de recursos, sino de una planificación integral y de un ecosistema colaborativo entre las distintas partes involucradas: empresarios, instituciones educativas, gobierno y trabajadores. Y lo que hoy se observa en Salto es una falta de coordinación entre estos actores. Además, la promesa de generar empleo a través de esta iniciativa todavía parece un futuro lejano, mientras el presente sigue marcado por la informalidad y la falta de políticas públicas concretas en el corto plazo.
Un parque de estas características no solo requiere de infraestructura, sino también de políticas activas que impulsen la innovación, el emprendimiento y la capacitación. En lugar de consolidarse como un pilar de la economía local, el proyecto del Parque Industrial y Tecnológico parece estar quedando relegado.
Esta falta de rumbo es consecuencia directa de la inexistencia de una verdadera coalición republicana en el gobierno departamental. Cuando no hay acuerdos sólidos sobre qué hacer y cómo hacerlo, cada sector empuja para su lado o, peor aún, se limita a administrar la inercia. El resultado es un gobierno que gestiona, pero no transforma; que ocupa cargos, pero no lidera procesos.
Salto necesita algo mejor. Necesita un gobierno que respete el mandato popular expresado en las urnas y que vuelva a poner sobre la mesa el programa que le dio legitimidad. Necesita una coalición que sea algo más que una suma de partidos y que se anime a discutir prioridades, corregir rumbos y asumir responsabilidades.
Dejar de lado el programa de Malaquina, especialmente en Trabajo y Turismo, no es un detalle menor: es una señal política. Rectificar no solo es posible; es urgente. Porque el tiempo de Salto no es infinito, y las oportunidades que se pierden rara vez vuelven.
Miércoles 17 de Diciembre, 2025 395 vistas