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Lunes 30 de Marzo, 2026 73 vistas

Semana fuerte

Por el Padre Martín Ponce De León
En el calendario cristiano, sin ninguna duda, entramos en una semana fuerte, por todo lo que en ella se celebra. Son una serie de acontecimientos donde predomina el amor que se hace evidente y vida.
Es tan evidente la predominación del amor en los distintos últimos momentos de la vida pública de Jesús que, mirarlos con otra visión, debe resultar un imposible.
Ayer recordábamos en ingreso de Jesús a Jerusalén. Ingresa para vivir su fracaso. El amor ofrecido y entregado, pero, fundamentalmente, su amor rechazado.
Para poder recibirlo correctamente debemos permitir que Él ingrese a nuestra vida y nos permita asumir su propuesta de centrar nuestra vida en una constante actitud de amor para con los demás. Especialmente para con aquellos que, según los relatos evangélicos, son los que lo recibieron en lo que recordábamos ayer.
Vendrán, luego los acontecimientos que iremos recordando en cada uno de los tres días últimos de la semana. Días donde el amor se respira en cada uno de los momentos.
El jueves nos detendremos a contemplar la última cena con sus amigos. Allí, el amor posee una fuerza tal que resulta imposible no dejarse invadir por él. Eucaristía, sacerdocio y servicio, son las tres manifestaciones de un amor que se hace gestos bien concretos e inexplicables despojados del amor.
Jesús, consciente de la fragilidad de sus seguidores, decide quedarse hecho alimento y bebida para fortalecer en la fe y la unidad a sus seguidores. Reiteradamente va a reiterar su solicitud de que permanezcan unidos a Él y, para que ello sea posible transforma el pan y el vino en su Cuerpo y su Sangre. Porque ama conoce y, porque conoce, sabe que se le va a necesitar. La Eucaristía es un prolongado gesto del ser que ama conociendo la debilidad de sus continuadores. 
Porque los ama no los deja liberados a su suerte, sino que se queda realmente junto a ellos, para que lo suyo no se pierda en el vacío.
Instaura el sacerdocio para que, por opción y estilo de vida, sean, aquellos seres pecadores y frágiles, instrumentos de su amor para con los demás. Eran pecadores y los hace capaces de perdonar los pecados. No lo habían entendido plenamente, pero los elige para que sean continuadores de su presencia para todos.
Muestra, claramente, la actitud que debe distinguir a aquellos que deciden seguirle. Se hace servidor llevando a cabo la tarea que era propia de los esclavos. Servidores desprovistos de poder. Servidores sin buscar recompensas. Servidores estando cercanos al otro. Servidores con y desde el amor.
Si el jueves y su celebración es un canto al amor hecho servicio, el viernes es un grito de amor hecho vida que se entrega. La cruz no es otra cosa que la manifestación plena del amor que tiene por cada ser humano. Es la única oportunidad que no se celebra una eucaristía ya que está todo centrado en ese gran gesto de amor que es su dar su vida por todos nosotros. Es un día donde el amor se hace gesto, entrega y compromiso liberador.
Es amor que se entrega sin guardarse nada. Es amor que se brinda despojándose de todo. Es amor que se obsequia desinteresadamente. 
El sábado celebramos su presencia viva para mostrar que su amor es cercanía y verdad. Es luz que disipa nuestras tinieblas. Es agua que purifica y renueva. Es Iglesia que se reúne en torno a su palabra y la celebra y comparte. Es resurrección que acompaña nuestras Pascuas.
Sin lugar a dudas las celebraciones que se nos ofrecen deben ayudarnos a vivir una semana fuerte, puesto que el amor jamás nos deja indiferentes y algo nuevo debe crecer en nosotros.