Por Alexandra
Ledesma
Socióloga y Educadora Sexual
Durante años, ir a terapia fue presentado como un gesto extraordinario, algo reservado únicamente para quienes atravesaban alguna especie de crisis aguda, o solo para aquellos que podían cubrir ese costo.
Para muchos, la terapia quedó sujeta a la idea de “lujo”, accesible únicamente para algunos sectores.
Sin embargo, en un contexto donde el estrés, la rutina, la sobrecarga emocional en algunos casos, y la modernidad de los vínculos, frágiles y superficiales, nos hace preguntarnos si realmente es un lujo, o ya estamos atravesando una necesidad.
La salud mental no está en la mira por mero capricho, es algo instalado desde hace mucho, y de lo que pocos se animaban a hacer referencia. Dejo de ser un tema al azar, porque sabemos con certeza que impacta directamente en la calidad de vida, en lo laboral, en la crianza de los hijos, en todos los vínculos en general.
Aun así, sigue existiendo una contradicción, mientras por un lado se reconoce su impacto, muchas personas e incluso el rol del Estado como garante de las políticas sociales, no están dándole el lugar ni la relevancia que merece.
Parte de la problemática se encuentra en las prioridades, en donde ponemos el foco y de qué forma entendemos el bienestar.
Invertir en el cuerpo o en otras cosas, no está mal, pero si dejar relegada el área pisco-emocional. Yo me pregunto, si es tan simple hacer frente a una cuota de gimnasio, de estética, de celular o salidas de fin de semana, ¿porque cuesta tanto hacer frente a la terapia?
Porque todavía cuesta verlo como prioridad.
Es verdad, los resultados no se exhiben tal cual cuerpo de gimnasio, no salen en fotos en redes sociales, no es algo que los demás lleguen a envidiar.
Sin embrago, poco de todo lo material llega a igualar con la salud mental.
La terapia es de gran ayuda en muchos aspectos, no solo para momentos de crisis, sino para conocerse realmente, sanar, revisar patrones, y ni que hablar el aprender a gestionar emociones.
Es un espacio para uno, es un regalo, es esa pausa necesaria en el caos, donde podemos hablar de lo que somos, de lo que estamos sintiendo, de lo que nos duele, o de ese rumbo que quisiéramos tomar y no nos animamos.
De todas formas no se puede desconocer el difícil acceso que tiene la terapia, el costo es sin dudas una barrera y es ahí donde el Estado debe decir presente, donde entran a jugar las políticas públicas como tales. Porque no debería ser lo económico una barrera si es considerada la salid mental como parte esencial del bienestar humano.
La terapia no es cara, esta subestimada.
Todavía falta entender que la falta de atención emocional suele somatizarse, suele transformarse en enfermedades físicas, o no, pero en algún lugar, y de alguna forma eso logra salir por más que intentemos dejarlo bajo 7 llaves.
En cansancio, estrés, enfermedades físicas, o en relaciones que dañan, pero sale, siempre sale.
Y no, tampoco es que va a resolver todo mágicamente, la terapia no es magia, son herramientas que nos permiten transitar los embates de la vida sin morir en el intento.
Es un compromiso que hacemos con nuestro interior, a cuidarnos, a mimarnos y a no exigirnos cuando no podemos.
Cuidar la mente no es un lujo, es una necesidad básica, es parte del cuidado, es ser cada vez más consciente y responsable.
Jueves 30 de Abril, 2026 100 vistas