Estudio Signorelli&Altamiranda
Cada 1º de mayo se conmemora la lucha obrera en el mundo occidental, un recuerdo que tiene raíces profundas en la historia de las relaciones laborales. En sus comienzos, esta lucha tuvo como eje central la limitación de la jornada laboral, un aspecto que reflejaba una realidad muy distinta a la actual y que ha evolucionado notablemente con el pasar de los años.
El marco legal del trabajo ha ido acompañando estos cambios, a veces adaptándose a las nuevas realidades y en otras ocasiones anticipándose a ellas para promover transformaciones necesarias. La forma de organizar y ejecutar el trabajo humano no ha dejado de cambiar nunca. Mientras en épocas pasadas las transformaciones tardaban décadas, hoy se suceden a un ritmo acelerado, especialmente en este siglo XXI.
Dos fenómenos esenciales convergen y se potencian mutuamente: la economía disruptiva y la incorporación masiva de nuevas tecnologías digitales, con la inteligencia artificial a la vanguardia. Aunque el impacto no es homogéneo en todos los sectores, pocos quedan al margen. Incluso rubros como los servicios personales, que en principio podrían parecer menos afectados, están experimentando cambios profundos. La telemedicina es un claro ejemplo de esta transformación.
Resistirse a estos avances no es una opción viable para empresas ni trabajadores, porque implica quedar fuera del mercado. En nuestro país, el sistema normativo laboral tiene sus bases en leyes que datan desde 1915, algunas vigentes sin modificaciones importantes y otras apenas ajustadas con el tiempo. La regulación sobre los tiempos de trabajo, el despido, la seguridad laboral y otros aspectos, en conjunto con normas de seguridad social como el seguro de paro, reflejan un marco legal que está en parte desfasado respecto al contexto actual.
El Derecho Laboral opera hoy en un escenario completamente distinto, pero la legislación no ha logrado seguir ese ritmo al mismo nivel. Por ejemplo, Uruguay cuenta con una ley específica sobre teletrabajo y trabajo en plataformas, pero esta solo contempla dos modalidades concretas, como la de los repartidores (“riders”) y Uber, dejando fuera un universo mucho más amplio y diverso que ya está en plena expansión.
Por eso, tanto las empresas como los trabajadores deben prepararse y capacitarse para enfrentar estos cambios y anticipar los que vendrán. El rol de los asesores laborales ahora es mucho más estratégico: no solo deben intervenir después de que una situación se presenta, sino también asumir un papel activo en la prevención y el diseño de políticas y estrategias que permitan adaptarse a esta realidad en constante evolución.
En este contexto, la especialización en derecho laboral es cada vez más necesaria, al igual que la colaboración técnica con otras disciplinas y profesiones que enriquecen el análisis y las soluciones.
Este artículo fue elaborado con el aporte y participación de todos los integrantes del equipo de nuestro Estudio y aprovechamos la oportunidad que nos permite este espacio para saludar a todas las personas que trabajan, cualquiera sea el carácter y forma en que lo hacen.
Jueves 30 de Abril, 2026 71 vistas