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Viernes 26 de Diciembre, 2025 279 vistas

¡Un brindis por lo humano y que la IA no nos quite el alma!

Por Pablo Perna

En la Casa de Gobierno el Intendente Albisu comenzaba esta semana posteando en sus redes sociales una foto sentado en su despacho, donde titulaba “arrancando la semana trabajando en el presupuesto”. Inmediatamente en redes sociales no oficiales sale la misma foto, con la misma leyenda, pero se lo veía al intendente cruzado de pierna, sonriente y leyendo una revista de farándula local, indudablemente esta última se trataba de una foto trucada casi perfecta realizada con IA (inteligencia artificial), cuyo objetivo claro y notorio era tomarle el pelo al jerarca. Todavía es posible distinguir una foto realizada por IA, pero ya en pocos meses esas diferencias ya serán imposibles de realizar. 

Durante más de un siglo, la fotografía fue nuestra prueba irrefutable de la verdad; si había una foto el hecho existía; la imagen era el testimonio fiel de nuestra historia, de lo que vivíamos, de nuestros viajes, experiencias y de los ojos de quienes amamos. Una fotografía nos daba fe. Sin embargo al cruzar el umbral de este 2026, esa certeza ya no existe. Hoy la IA nos entrega imágenes perfectas, puestas de sol imposible y rostros lisos, sin arrugas, sin una sola huella de dolor o paso del tiempo, pero bacías de realidad; ya no queremos ver nuestras fotos reales, nos parecen feas, amarillas, sin brillo y aburridas, preferimos el filtro que simule la hermosura de la juventud y con colores artificiales imposibles de ser captados en la realidad. 

En la “soledad” actual se busca refugios en las redes sociales y ahora en la IA, lo que antes se saneaba en la confidencia de un mate, café o cigarrillos, hoy son sustituidas por el tiempo frente a una pantalla de silicio; lentamente y sin darnos cuenta vamos dejando de lado lo humano para ser sustituida por un compañero diaria y constante pero artificial. Muchos no conocen las ventajas de la IA, aunque se encuentra todavía en pañales, pero las generaciones más jóvenes y todavía las que no nacieron, no podrán vivir sin ella. La IA no sustituirá a las personas, pero si sustituirá a aquellas que no la utilicen.

El entretenimiento también se ha vuelto un espejo narcisista donde la IA nos da versiones editadas de la felicidad, donde en el futuro vivir realmente la realidad será un lujo. Nos sentimos acompañados por algoritmos digitales, que nos muestra lo que nosotros queremos, mientras que el mundo real, con su desorden e imperfecciones, nos parece cada vez más lejano. Ya no nos gusta la realidad, queremos el mundo de fantasía, el perfecto y que nos den siempre la razón que solamente nos puede dar un mal amigo o la IA.

Al comenzar el 2026, el desafío al futuro es inmenso. No se trata de rechazar la tecnología, sino de no permitir que no sustituya nuestra esencia, no debemos permitir que la imagen perfecta de una pantalla sustituya la mirada y compañía del que tenemos al lado. Porque al final del día, ninguna inteligencia artificial podrá nunca sustituir el alivio, la verdad y la paz que solo se encuentra en el calor de un abrazo real.

Esta columna que pretende ser la última de un ciclo cumplido, ha sido redactada por inteligencia artificial siguiendo mis ideas y sentimientos, que hayas sentido emociones al leerla solo confirma el desafío que enfrentamos en el futuro que ya se encuentra aquí, cuestionando nuestra verdad, nuestras profesiones y la forma en que nos comunicamos. El desafío, si es que lo deseamos, será distinguir el sabor frío de la máquina al cálido latido del corazón, motivo por el cual quiero brindar con mis lectores por lo “humano” deseándoles el mejor futuro con o sin IA. ¡Felices fiestas y lo mejor para el 2026!