Por Pablo Perna
¿Y el ministro Oddone? Crecí viendo a Blanca Rodríguez en la pantalla del televisor al frente de uno de los informativos más importantes del país. Para generaciones enteras, su figura fue sinónimo de prestancia, compostura, rigor profesional y una trayectoria intachable en la comunicación. Era, sin dudas, una referencia de opinión con una reputación sólidamente construida a lo largo de décadas. Sin embargo, ese perfil de imparcialidad comenzó a desdibujarse cuando irrumpió en la actividad política.
Su llegada al mundo político no obedeció a una carrera o vocación política, sino a una de las últimas estrategias bien calculadas, frías y puras de José “Pepe” Mujica y Lucía Topolansky. El Espacio 609, que postulaba como presidente a Yamandú Orsi, la necesitó en su ajedrez para disputar la interna del FA y hacerle sombra a Carolina Cosse, colocando una figura femenina de alto impacto popular que compitiera en simpatía hacia el sector femenino y no femenino de izquierda. El plan salió perfecto, Orsi le gana la interna a Cosse y Blanca Rodríguez quedó en la sucesión para ocupar el cargo de vicepresidenta las veces de licencia de Cosse.
Esa figura que prometía elevar el nivel del debate público ha terminado por encallar en lo más bajo del discurso y propuesta política. Hace apenas unos días nos enteramos de su propuesta para penalizar y regular los discursos de “odio” en redes sociales y micrófonos. Que una periodista con casi cuarenta años de ejercicio comunicacional sugiera limitar la opinión pública e incursionar en terrenos que rozan la censura resulta altamente cuestionable. Lo que más llama la atención es que una profesional de su calibre no puede ignorar que en Uruguay ya existe basta legislación clara y contundente sobre la incitación al odio y la violencia.
Este desliz autoritario y demagogo no parece ser un hecho aislado de la ex comunicadora, sino que ya es reiterativa, basta recordar hace un año atrás cuando apelando a la ignorancia propia o ajena para sostener su relato, afirmó en el Senado que el diseño de las políticas sociales comenzó con el Frente Amplio, omitiendo deliberadamente un siglo de historia Batllista, desde la jornada laboral de los trabajadores, asignaciones familiares, hasta el Plan CAIF del Presidente Julio María Sanguinetti.
Un hecho no menor fueron también los cuestionamientos que también ha recibido por la designación de su hija como Directora Nacional de Cambio Climático en el Ministerio de Ambiente en este Gobierno, al igual que los reiterados viajes oficiales que ha hecho al exterior. Si bien creemos en la autonomía entre padre e hijos mayores y de la superación familiar, pero con la propia, una persona que prometió renovar la política, vemos que termina reproduciendo los sesgos más elementales y rancios del dogmatismo clientelar que tanto la izquierda cuestionaba.
Para completar el cuadro de esta concepción del poder, la frutilla de la torta la puso ayer el propio ministro de Economía, Gabriel Oddone, cuando le pregunta el reconocido periodista Leo Sarro, de que opinaba de la gente que gana 25 mil pesos y no llega a fin de mes, si había esperanza con este modelo y que su gestión se parecía a la de Arbeleche. El ministro molesto, una vez terminada la nota, lo increpa detrás de cámaras de manera patotera, quedando filmado el hecho. Lo sorprendente es que ningún dirigente de primer nivel del FA salió a cuestionar el hostigamiento del Ministro a la libertad de prensa.
En conclusión, una senadora de origen periodístico que pretende censurar a los que piensan diferente y por el otro, un ministro técnico que reacciona con prepotencia ante el micrófono de un periodista independiente, si estos eran los que iban a elevar la vara de la discusión política, nos preguntamos: ¿estamos ante una nueva forma de hacer política, o simplemente ante la confirmación de que el poder termina volviendo básico a cualquiera?
Viernes 18 de Septiembre, 2026 321 vistas