Por el Padre Martín Ponce De León.
Su deterioro se hacía evidente, pero nunca estamos preparados para recibir la noticia de que llegó, físicamente, a su final.
Siempre nos resulta un golpe duro, por más que no era de nuestro agrado verle decayendo aceleradamente.
Como todo ser humano, tenía sus cualidades y sus defectos. Por ello no me voy a detener en su persona, sino que deseo escribir algo del colega de esta columna.
Sin duda que, como “escribidor” tenía sus virtudes y ello lo sabía poner al servicio de ese espacio que Cambio le había ofrecido.
Sabía escribir de cosas sencillas y con un lenguaje entendible donde primaba su manera de ver la vida y su manera de encararla.
En su columna nunca dejaba de transmitir su ser de cristiano y su tener los pies sobre la tierra. Creo fue uno de sus últimos escritos donde agradecía a Dios de poder volver a su columna y, también, su reintegrarse hasta que la salud se lo permitiese.
En oportunidades, luego de leer su escrito, me decía que era más católico que yo puesto que su redacción dejaba descubrir a una persona comprometida con su fe y compartiéndola con los demás.
Una de las características de sus escritos era que nunca se apoyaba en lo negativo ya que sus columnas estaban cargadas de positividad. El hoy nos presenta abundantes nubes oscuras como para agregar alguna más a los lectores de la misma. Esa actitud la supo vivir durante su enfermedad puesto que nunca se quejaba de dolores o de verse en estado en que se veía, por más que era muy consciente de su realidad.
A diferencia de mí, que siempre estoy al día con los artículos, él solía enviar algunos que se iban agregando a su haber por si las tareas o la inspiración le alejaban de la posibilidad de cumplir con el día establecido y, así, no fallar.
Comunicarse no era un algo que le costase puesto que, siempre, lo había hecho con naturalidad, espontaneidad y alegría.
Hoy, cuando recibí la noticia, lo primero que se me ocurrió fue darle un gracias a Dios puesto que se había concluido su sufrir, su estar mal. Pero, también, un gracias por todo lo que pudo ayudar con su presencia y sus escritos.
Supo servir desempeñando tares de colaboración con la Parroquia del Carmen, desde diversas actividades. Últimamente su actividad se centró en el poder llevar la eucaristía a muchas personas que, físicamente, no podían acercarse a una misa.
Es evidente que uno no puede dejar de sentir un golpe que conmueve e impacta fuerte puesto que el que se ha marchado no es uno de los varios que el Diario posee, sino que es un hermano con el que se han compartido muchos y diversos momentos de la vida.
Por ello es que este artículo, tan particular, no podía tener como referente a mi hermano, Gerardo, con el que nos asomábamos a ustedes, desde estas columnas.
Hoy se cierra un ciclo, el de sus columnas, y con ello se cierra un ciclo de su vida física.
Nos quedarán recuerdos y situaciones que nos harán saber que nadie se va definitivamente. Es un paso a otra realidad el que hoy a dado y, así, debemos asumirlo.
Por ello, no mucho más que un: Chau, Gerardo. Descansa en paz y gracias por lo que has hecho en favor de otros.
Lunes 16 de Marzo, 2026 542 vistas