Pasar al contenido principal
Miércoles 23 de Septiembre, 2026 178 vistas

Con explicar no alcanza, gobernar es decidir

Por Carlos Silva
En política hay un tiempo para explicar y otro para decidir. Hay un tiempo para contar lo que se recibió, describir las dificultades, señalar las limitaciones y pedir paciencia. Todo gobierno necesita ese margen. Pero también llega un momento en que las explicaciones, aun siendo ciertas, empiezan a resultar insuficientes. 
Gobernar es asumir responsabilidades, algunas serán cómodas y otras no. Algunas permitirán cortar cintas y mostrar logros, otras obligarán a enfrentar problemas complejos, tomar decisiones difíciles y hasta pagar costos políticos. El poder no puede servir solamente para administrar lo que funciona, adquiere verdadero sentido cuando se utiliza para cambiar aquello que no funciona.
La reciente visita del ministro del Interior, Carlos Negro, a Salto dejó una imagen que merece ser observada desde esa perspectiva. Comerciantes y vecinos se acercaron para transmitirle directamente su preocupación por la inseguridad. El ministro los escuchó, conversó con ellos y explicó cuáles son las competencias de su cartera y cuáles corresponden a la Fiscalía, la Justicia o incluso al Poder Legislativo. 
Pero detrás de aquel encuentro había algo mucho más sencillo y cotidiano. Había gente que quiere abrir su comercio y trabajar tranquila. Personas que han sufrido robos o rapiñas y trabajadores que sienten miedo detrás de un mostrador. Había salteños reclamando algo tan elemental como poder vivir y trabajar con seguridad. Y frente a eso las explicaciones tienen un límite.
Podemos discutir competencias, procedimientos, leyes, recursos o responsabilidades institucionales. Todo eso forma parte del problema y merece ser explicado. Pero quien sufrió una rapiña, quien tiene miedo de cerrar su negocio de noche o quien siente que perdió la tranquilidad en su propio barrio necesita, además de explicaciones, respuestas.
Y esa debería ser una regla válida para todos los gobiernos, sin importar el partido político. El Gobierno Nacional tiene responsabilidades que solamente él puede asumir. El Gobierno Departamental tiene las suyas. El Parlamento, la Justicia, las intendencias y cada organismo del Estado tienen competencias diferentes, pero el ciudadano no vive su vida mirando un organigrama para descubrir a quién corresponde cada problema.
El ciudadano vive en su metro cuadrado. Allí trabaja, cría a sus hijos, abre un comercio, espera un ómnibus, camina por una plaza, saca los residuos, transita una calle y quiere regresar tranquilo a su casa. Y es justamente en ese metro cuadrado donde finalmente se mide si las decisiones de quienes gobernamos mejoran o no la vida de las personas.
Por eso escuchar es imprescindible. Explicar también. Nadie debería gobernar sin escuchar ni rendir cuentas de lo que hace. Pero después de escuchar y después de explicar viene la parte más difícil, decidir.
La gente comprende que no todos los problemas pueden solucionarse de un día para otro. Comprende que existen limitaciones presupuestales, procedimientos que deben respetarse y situaciones que llevan años resolver. Lo que resulta mucho más difícil de comprender, es la ausencia de rumbo o la explicación permanente como sustituto de la acción.
Quienes tenemos una responsabilidad pública debemos acostumbrarnos a algo muy sencillo: hacernos cargo de la parte que nos corresponde. Sin excusas, pero también sin promesas mágicas. Con trabajo, decisiones y resultados. Porque explicar ayuda a comprender un problema. Pero con explicar no alcanza. Gobernar es decidir.