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Lunes 16 de Febrero, 2026 155 vistas

Continuidad o ruptura

Por el Padre Martín Ponce De León.
Sin duda que, al leer los relatos evangélicos, uno queda con la sensación de que Jesús es una continuación de todo lo que nos plantea la escritura en sus relatos anteriores. Queda la sensación de que Jesús es la continuidad de la Ley (camino del pueblo de Israel para vivir a Dios).
Luego de la lectura de los textos evangélicos, reflexionando sobre lo leído, uno llega a la certeza de que Jesús establece una ruptura con todo lo anterior. Ya no es una continuidad, sino que se presenta como una novedad que implica ruptura.
Ante la Ley, lo verdaderamente importante, era el cumplimiento fiel a una letra que establecía hasta los más mínimos detalles. Todo se limitaba a un conocimiento y a un cumplimiento estricto de esos detalles establecidos con anterioridad.
Jesús no viene a modificar la Ley, viene a intentar mostrar lo que es, verdaderamente, esencial en el cumplimiento de la misma. Lo esencial no está en lo externo sino en la interioridad con la que se vive la Ley.
Es una modificación tan importante que, con toda verdad, se puede decir, que realiza una ruptura con lo anterior, puesto que lo asume y lo transforma.
El cumplimiento es lo que más nos conforma, por más que, siempre podamos sostener, que no nos agrada el vivir para cumplir con la Ley. Entre el cumplimiento y la libertad, muchísimas veces optamos por el cumplimiento.
Tal cosa nos da seguridad, nos tranquiliza la conciencia, nos ilusiona con la certeza de que andamos por el camino correcto y, por, sobre todo, no nos está pidiendo vivamos un camino serio de conversión.
Lo de Jesús en volver a la interioridad con todo lo que ello implica de libertad, madurez y responsabilidad. 
Volver a la interioridad es volver al silencio eterno antes de la creación. Allí, únicamente, se escuchaba la voz de Dios
Volver a la interioridad es volver a la fuente del ser. fuente que no es otra cosa que Dios y su iniciativa de generoso amor y solidaridad.
Volver a la interioridad es volver a la raíz de las cosas, del actuar, del pensar y sentir. Es perdernos en la intimidad de Dios.
Volver a la interioridad es comprender de dónde venimos y hacia dónde vamos. Ello es ponernos en las manos de Dios e intentar vivir conforme su Reinado. Salimos de Dios y debemos volver a Dios para que lo nuestro sea pleno y colmado de sentido.
Volver a la interioridad es volver a lo que somos: Amor que se manifiesta en nuestro ser personas, aquí y ahora.
Volver a la interioridad es dar pasos que nos lleven a estar en cercanía con los demás. En especial con aquellas personas más necesitadas.
Volver a la interioridad es crecer en la libertad que nos hacer vivir al amor con entrega, aceptación y respeto por los demás como lo vivió Jesús.
Sin duda lo de Jesús es una culminación de todas las voces que hacen la historia de salvación del pueblo de Israel. Despojarlo de lo que implica esa ruptura que es volver a la interioridad es despojarlo de lo esencial de su mensaje y de la riqueza de su buena noticia.
Desde nuestra libertad podemos asumir a un Jesús continuación, culminación o ruptura. Todo importa desde lo que hagamos con ese Jesús que sepamos asumir y hacer testimonio de vida.